Nombre: La flor del mal
Categorías: Drama, Suspenso
Director: Claude Chabrol
Año: 2003

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * ½

La flor del mal (2003)

Las telarañas de la casa

Claude Chabrol no ve la mansión. No le interesa verla, nunca la ha visto. Chabrol ve las telarañas del rincón de la casa, esas que intentábamos ocultar a toda costa para dar ante los demás la apariencia de perfección que necesitamos. Contra esas apariencias, tan burguesas, ha luchado Chabrol durante toda su extensa filmografía, quitando máscaras, revelando heridas, mostrando la cicatriz vergonzante, la sombra en el pasado, el lunar en medio del rostro sonriente.

Hemos perdido la cuenta de cuantos largometrajes ha dirigido Chabrol desde aquel lejano Bello Sergio (1958), pero estamos seguros que superan los sesenta. Una cifra respetable, si se considera además su consistencia como autor. Su cine es el de un antropólogo cuidadoso y detallista, el de un hombre que ha aprendido a mirar a sus semejantes con cierta ironía y a burlarse de sus debilidades y falsas certezas. Sus filmes no buscan el crimen o la maldad: los encuentran. Y lo hacen a plena luz del día, en medio de los miembros de una sociedad privilegiada, que parece cansada de los beneficios y de las ventajas que ha tenido, y decide sacar a flote el rencor del pasado, la enfermedad del alma, el desgaste de los sentimientos, el dolor de vivir. Excavando en la naturaleza del hombre francés ha encontrado  un rico filón del cual surtir su cine, que se ha llenado así de retratos certeros, pero no por ello menos dolorosos. Chabrol sabe donde duele más. Lo sabe muy bien.

A la ciudad ha llegado, muy discreta, La flor del mal (La fleur du mal, 2003), estrenada previamente en Eurocine, pero que se aventura ahora en el difícil circuito comercial de las vacaciones.  Es una lástima que su presentación no haya contado con la suficiente difusión, pues estamos ante una obra que lleva la firma de su autor en cada fotograma. El centro es –claro- una familia, los Charpin-Vasseur, compuesta por Anne (Nathalie Baye) y Gérard, una pareja formada luego de la muerte del esposo de ella y de su cuñada y amante, tras lo cual los cónyuges sobrevivientes se casaron entre sí. El hijo de él y la hija de ella –Francois y Michele- se desean mutuamente, para cerrar un cuadro endogámico que completa la tía Line (Suzanne Flon, la benemérita actriz de Orson Welles), que al parecer soporta el lastre de un pasado no del todo diáfano.

La tensión entre ellos va  aumentando a niveles exponenciales en la medida en que van surgiendo las fisuras de ambición y odio que ponen en peligro su convivencia. En un plano temprano, que sirve para anticipar los hechos, Chabrol enfoca a la tía Line y a Michele conversando en la casa, pero enfrente de ellas pone, simbólico, una jaula, juzgándolas y encerrándolas por sus actos pasados y futuros. Los inculpados deberían ser todos, pues cada uno de los personajes interpreta un papel: Anne es una política, Gerard posa como digno farmaceuta,  Francois y Michele ocultan su pasión y la tía pretende que nunca ha pasado nada.
Pero si ha pasado y llega un momento en que todo hace erupción. Tras las revelaciones hay de nuevo en paz. Pero el panorama no es el mismo, ya nunca será igual.

Texto publicado en la columna "Séptimo arte" del periódico El Tiempo (edición Medellín) pág 2-2, 17/06/04. © Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.

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