Nombre: Entre copas
Categorías: Comedia
Director: Alexander Payne
Año: 2005

Otras reseñas para esta película

Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * *

Entre copas (2005)

Un brindis por el cine

A veces el premio Óscar hace justicia. Ocurrió en esta oportunidad con el galardón al guión adaptado, otorgado con todos los honores al argumento de Entre copas (Sideways, 2004), el cuarto largometraje de Alexander Payne, un director que ya no es una promesa, sino una afortunada realidad del cine norteamericano. Sus películas combinan una aguda descripción del estilo de vida de su país con un humor de inteligentes propósitos y divertidos resultados. El resultado final de esta mezcla se paladea con el deleite de una buena copa de vino tinto.

Como en Las confesiones de Schmidt (About Schmidt, 2002) su interés aquí es más expositivo que crítico, de ahí que sus personajes sean simpáticos antes que cáusticos, y  por lo tanto sea fácil identificarse con ellos, pues aún con algunas variantes apenas explicables por diferencias culturales y geográficas, se trata de personas que alguna vez hemos conocido o que descubrimos a diario al mirarnos al espejo. La película le da una mirada a la despedida de soltero, pero interpretada como una celebración de la amistad y no como una vulgar bacanal. Su narración se apoya en dos personajes muy diferentes entre si, Miles (Paul Giamatti) y Jack (Thomas Haden Church). El primero es un hombre tímido y sensible, profesor de inglés en un colegio, que ha hecho de su afición por el vino una religión; mientras el segundo es el típico macho que desea conquistar una última mujer antes de casarse. Juntos emprenden una semana de viaje pensada originalmente como la oportunidad de disfrutar las bondades de una zona vinícola de California. Sin embargo Jack emprende una cacería diferente, de la que derivaran la mayoría de las situaciones humorísticas del filme.

El inteligente abordaje del director Payne nos dispensa de presenciar el obvio derroche hormonal de Jack y nos lleva hacia una reflexión sobre las posibilidades humanas, sobre lo que somos capaces de hacer y de sentir, sobre la necesidad de sentirnos vivos. Utilizando el vino como metáfora de la vida nos lleva de la mano por caminos seguros en los que recordamos la importancia de sentir pasión por algo o por alguien, así nos duela, así nos cueste, así suframos. Lo mejor es que esta película nos dice todo esto sin perder nunca de vista el humor y haciendo uso de una graciosa ligereza que la adorna.  No es difícil triunfar en el cine cuando se cuenta con buenas ideas, una excelente fuente  y, sobre todo, con una sensibilidad como la que exhibe Payne, que hace que todo se vea sincero y real, como presenciado por primera vez.

A pesar de su juventud, este director ha preferido no asumir la vanguardia visual y el nihilismo temático que son tan prominentes en sus contemporáneos, y se ha decidido a contarnos historias que tienen como único punto de partida y de llegada el ser humano. De seguir por esta senda esta llamado a constituirse en inesperada e imprescindible figura  artística, un hombre en el que quisiéramos confiar los retratos del hombre y la mujer de este siglo. Que sea el tiempo el encargado de confirmar este anhelo. Mientras tanto, brindemos por el buen cine. ¡Salud!.

Texto publicado en la columna Séptimo arte del periódico El tiempo (edición Medellín) 18/02/05 pág 2-2. © Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.