Nombre: Ebrio de mujeres y pintura
Categorías: Drama
Director: Im Kwon-Taek
País: Corea (Sur)
Año: 2002

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * *

Ebrio de mujeres y pintura (2002)

Los matices de un pintor

Una de las personas que me acompañó a ver Ebrio de mujeres y pintura (Chihwaseon, 2002), me dijo al final de la película que reconocía las cualidades del filme, pero que no dejaba de pensar que era raro que el protagonista fuera gordo, feo y desagradable, particularidades que lo alejaban del prototipo que esperaba cumplieran los protagonistas de un filme. Me quedé pensando al respecto y en lo difícil que es sacarnos de la cabeza los prototipos de belleza que Hollywood nos ha inculcado a punta de consumir casi exclusivamente su cine. Según ese canon, el héroe de un filme debe ser atractivo, bondadoso y recto, mientras el antagonista debe ser feo, malvado y sinuoso, sin medias tintas en ningún caso, sin un gris entre el blanco y el negro.

Im Kwon-taek, el talentoso director coreano de este filme –el número 97 en su dilatada carrera- nos recuerda que la vida real no es como en California nos la pintan: que no hay héroes impolutos, que los feos también tienen talento, que incluso los buenos  tienen máculas. Ebrio de mujeres y pintura es la historia de un hombre mujeriego y bebedor, vulgar en sus costumbres, torpe e impulsivo en sus decisiones, pero a la vez, dotado de una sensibilidad y de un talento artístico únicos dentro de la historia del arte pictórico coreano. Es la vida de Jang Seung-up (interpretado por Choi Min-Sik), un pintor del siglo diecinueve, cuya obra alteró para siempre el rostro del arte coreano.

La película, que no cuenta con el fulgor de efectos especiales o de técnica fotográfica de algunas de sus contemporáneas orientales, se centra en los motivos de Jang Seung-up, en su inquietante búsqueda de una felicidad que ni siquiera la belleza de sus acuarelas parece darle. Al momento de mostrar el modo en que estas son realizadas, el filme adquiere una dimensión superior: nos asomamos a este milenario arte pictórico y nos regocijamos con la enorme belleza allí recogida. La película reproduce las obras del pintor y los momentos en que fueron concebidas, sorprendiéndonos con cada acuarela, más hermosa  y más depurada que la anterior.

El pintor parece incapaz de escapar al paradigma de artista maldito, proclive al escándalo y a la exhibición de sus demonios interiores, pero la película se sacude con facilidad de ese esquema, embelesada en el talento de este hombre.  Tenemos que admitir que desconocíamos la obra de Im Kwon-taek, un director que es considerado el padre del nuevo cine coreano y cuya obra cubre y coincide por completo con la historia del régimen militar de su patria. Descubrir y disfrutar su obra previa se antoja una tarea en la que nos esperan muchas satisfacciones.

Texto publicado en la columna Séptimo arte del periódico El tiempo (edición Medellín) ©Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.

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