Nombre: Vidas cruzadas
Categorías: Drama
Director: Paul Haggis
País: Estados Unidos
Año: 2004

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * *

Vidas cruzadas (2004)

Días de ira

Pasan muchas cosas en Crash (2004), quizá demasiadas. El director y guionista Paul Haggis ha ensamblado un grupo de historias paralelas -algunas perpendiculares- que ocurren en un lapso de dos días en la ciudad de Los Angeles y que tienen al problema racial como centro y a la casualidad y el azar como disculpa. Con un reparto coral, que incluye a Matt Dillon, Don Cheadle, Thandie Newton, Sandra Bullock, Ryan Phillippe y Jenifer Esposito entro otros, el filme se desenvuelve entre círculos de poder y justicia -un fiscal, un policía, un detective- enfrentados de manera personal o laboral a la violencia y/o al racismo. La ley como arte y parte de una realidad que hunde sus raíces en la intolerancia, la injusticia racial y la corrupción, problemas que -como hemos visto- no son patrimonio exclusivo de los Estados Unidos.

Las intenciones de denuncia de Haggis son evidentes y sirven bien a su propósito: vemos conmocionados y de frente los abusos policiales, el ataque de la delincuencia común, la ira racial ciega, la corrupción de las altas esferas y las consecuencias de la desesperación, la confusión y el dolor. Dándole tiempo a cada uno de sus relatos, el director balancea con fortuna  los diversos y continuos clímax de su filme, manteniendo un clima de permanente tensión a lo largo del metraje, que pocas veces logra aliviarse por completo. Paul Haggis quiere que no olvidemos que esta es una historia seria y grave, donde no hay tiempo para el humor o para el relajamiento, sino para la soledad, el silencio y el vacío vital. Esa pretendida solemnidad le sienta mal a Crash, pues al final se siente con el derecho de aleccionarnos, mostrarnos inexplicables redenciones (es desafortunadísimo e inverosímil el último parlamento de Sandra Bullock), componer cosas que no tienen arreglo a corto plazo y dejar unos cabos sueltos para que nosotros terminemos un retrato que ha quedado inconcluso y que por momentos cojea.

Me alegra que Crash se arriesgue a decirnos cosas importantes, que su tono sea reflexivo y que sus historias sean interesantes, compuestas por personajes que nos importan, pero sospecho que la ambición del director Haggis superó sus capacidades y lo hizo embarcarse en un proyecto donde le sobraron actores y acciones, y le faltó -como a sus protagonistas- un poco de calma y de paz, que es lo que requerimos los espectadores para digerir por completo el mensaje de esta cinta.

 

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