Nombre: La casa de las dagas voladoras
Categorías: Drama, Acción, Artes marciales, Fantasía, Guerra, De época
Director: Yimou Zhang
País: China
Año: 2004

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * ½

La casa de las dagas voladoras (2004)

La película de un maestro

La casa de las dagas voladoras (Shi mian mai fu, 2004) confirma a Zhang Yimou, a sus cincuenta y cuatro años, como el director chino contemporáneo más importante y el más destacado de los representantes de la llamada quinta generación, de egresados de la escuela de cine de Beijing. En todas las obras de Yimou se encuentra un equilibrio perfecto entre lo estético y lo narrativo, que hacen de su cine una experiencia visualmente brillante, en las que el contenido de sus relatos no desmerece para nada lo que vemos. Afín inicialmente a las metáforas históricas que en el trasfondo se constituían en denuncias políticas, su filmografía derivó hacia temas más contemporáneos como vimos en Ni uno menos y El camino a casa.  

Su interés en el cine de artes marciales es nuevo y se inició con Héroe, una película de enorme belleza, que se enmarcaba dentro de la tradición de  sublimación de la acción que iniciara Ang Lee con El tigre y el dragón, y que Zhang Yimou decidió llevar aún más lejos. Vuelve ahora al tema con La casa de las dagas voladoras, su tercer filme con la hermosísima actriz china Zhang Ziyi y un reparto que incluye a actores tan experimentados como Takeshi Kaneshiro y Andy Lau.

“Como ocurrió con Héroe, escribí este filme junto a Li Feng, un joven novelista que escribe historias ubicadas en épocas pretéritas, pero que lo hace de una manera muy nueva y muy moderna. Este acercamiento tiene mucho que ver con la película: el concepto y el tema desafían la tradición ortodoxa de las películas de artes marciales. Luego del éxito de Héroe, me sentí más cómodo con el género y mucho más valiente, así que me sentí capaz de tomarme libertades”. Tal como el director lo explica en las frases anteriores, se trata de una expansión de las posibilidades de las artes marciales, para sacar a la acción física del centro del argumento y sublimarla al punto que es un elemento más entre una serie de factores que compiten en belleza: vestuario, decoración de las estenografías, manejo del color, coreografía, música, danza. Se trata entonces de una experiencia sensorial completa en la que no se deja al azar ningún elemento capaz de cautivar al espectador, asombrado testigo de semejante despliegue de esplendor.

Texto publicado en la columna Séptimo arte del periódico El tiempo (edición Medellín) © Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.

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