Nombre: Carandiru
Categorías: Drama, Política, Basado en hechos reales, De época
Director: Héctor Babenco
País: Brasil
Año: 2003

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Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * *

Carandiru (2003)

Una prisión, miles de rostros

Héctor Babenco nació en Argentina en 1946, y se trasladó a Brasil en 1969. Cuatro años después dirige un documental, O fabuloso Fittipaldi (1973), y luego un argumental, O rei da noite (1975). Dos años más tarde, hizo Lúcio Flávio, o passageiro da  agonia (1977), el cuarto mayor éxito de taquilla en la historia del cine brasileño.

Con su siguiente filme, Pixote: a lei do mais fraco (1980), obtuvo renombre internacional, al abordar el tema de la infancia callejera y los correccionales juveniles en Brasil. El éxito conseguido le permitió rodar El beso de la mujer araña (1985), cinta que le dio a Wiliam Hurt el Oscar al mejor actor. Continuó su labor en Estado Unidos, ahora con Ironweed (1987), donde tuvo a sus ordenes a Jack Nicholson y a Meryl Streep, y luego con At play in the fields of the lord (1991), rodada en el amazonas.

Tras superar las penurias de padecer un linfoma, filma por primera vez una película en Argentina, titulada Corazón iluminado (1996), a partir de un guión que coescribió con Ricardo Piglia. Es durante su enfermedad que se relaciona con un oncólogo, el doctor Drauzio Varella, quien había estado trabajando como voluntario en un programa de prevención de Sida en la Casa de Detenciones de Sao Paulo, la penitenciaria más grande de Latinoamérica.  El doctor Varella le contó de su experiencia allí y Babenco lo entusiasmó a escribir un libro, que a la postre se convirtió en un éxito de ventas en Brasil. A partir de ese texto, Babenco realizó el guión para su octavo largometraje, Carandirú (2003), ganador del Festival de Cine de Cartagena de este año.  

En la película, la figura del médico sirve como catalizador de las historias de los reclusos, relatos humanos que narran con múltiples voces el camino que los condujo a prisión, poniendo de presente los enormes problemas sociales que subyacen al clima de violencia que se vive actualmente en Brasil y en países como el nuestro. En esa cárcel campean libres la muerte, la drogadicción y la prostitución, reflejo de lo que se vive afuera de sus paredes. El relato es por lo tanto episódico, avanzando según lo que los presos le cuenten al impasible doctor. Es notorio como el director mantuvo en un plano muy secundario a la guardia penitenciaria, evitando relacionarla con algún tipo de acto de corrupción que fácilmente pudo haber ocurrido.

Otra cosa sucede durante el clímax de la película, ambientado el 9 de octubre de 1992, cuando los 7800 internos se amotinaron pidiendo mejores condiciones de vida. El resultado de la intervención militar para controlar la revuelta se tradujo en la muerte de 111 prisioneros.  En esta larga secuencia, Babenco se sirve de una puesta en escena semi documental para denunciar la enorme violencia a la que la fuerza pública recurrió.

Desgraciadamente el filme llega hasta allí, pues prácticamente se termina luego de la matanza, impidiéndonos saber que consecuencias, distintas al cierre y demolición de la cárcel,  tuvo este hecho. Babenco quiso darle tiempo a todos los testimonios de los prisioneros, pero esto afectó el ritmo de la película, que por momentos no logra alcanzar la altura que un tema como este hubiera ameritado. 

Texto publicado en la columna "Séptimo arte" del periódico El Tiempo (edición Medellín) pág. 2-2  (02/04/04).
 

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