| Nombre: | El camino de las nubes |
| Categorías: | Drama |
| Director: | Vicente Amorim |
| Año: | 2003 |
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El camino de las nubes (2003)
Ligero de equipaje
Latinoamérica se refleja entera en esos personajes absolutamente verosímiles de El camino de las nubes (O caminho das nuvens, 2003) que recorren más de 2500 kilómetros del nordeste de Brasil, en bicicleta, en busca de un futuro mejor. “En cualquier película la dignidad y el respeto por los personajes es fundamental para que la historia sea sincera. Más todavía nuestro filme, que está basado en hechos reales”, comenta el joven director Vicente Amorim refiriéndose a esta, su primera película argumental.
Y no le falta razón en sus afirmaciones. Su filme triunfa por el modo en que caracteriza a sus personajes, seres auténticamente brasileños, pero que paradójicamente somos capaces de verlos en nuestra ciudad con otras ropas y otras circunstancias igualmente tristes. A la familia que retrata la película la desplazó el desempleo, así como aquí es la violencia armada la que hace que la gente abandone el campo y se vaya a buscar una fortuna improbable a la gran ciudad. El resultado es igual: el abandono y la falta de oportunidades son los mismos en portugués o en español.
Son un hombre, una mujer y cinco hijos. A los siete los roda la pobreza por todos los puntos cardinales. Tiene fe, quizá eso es lo único que poseen. Son peregrinos en busca de un milagro que no se les da, pero siguen rodando en sus bicicletas y mostrándonos un Brasil empobrecido, pero donde afortunadamente la solidaridad entre los menos afortunados no se ha extinguido. Retrato social de un país tercermundista, el director Amorim prefiere la anécdota episódica antes que la denuncia franca que, incluso, no necesita hacer. Basta mirar sus imágenes para que comprendamos que en ese país vecino las cosas no se diferencian mucho de las que se viven aquí.
A pesar de la adversidad, nuestros personajes conservan una alegría que les es natural y muy propia. La música los transforma y los transporta a otro lado, a uno más feliz. Roberto Carlos es su ídolo absoluto, mesías festivo y romántico que no les exige sacrificios y que les otorga la posibilidad de soñar y evocar épocas mejores. Para el director esa figura popular constituye un vínculo tan patente e importante entre sus coterráneos que, orgulloso, le dedicó la película. El cantante, agradecido, cedió los derechos de sus canciones para ser usadas como banda sonora del filme.
Cinco años demoró Amorim en la preparación y búsqueda de recursos para este filme, desde que vio en televisión la noticia de un campesino norteño que salió pedaleando de su terruño con su familia a bordo en busca de oportunidades en el sur de la nación. La película se rodó en apenas dos meses, aprovechando las gigantescas dimensiones de ese país y sus escenarios naturales. Pero esta road movie no es una lección de geografía. Es un retrato humano logradísimo en el que un hombre (Wagner Moura), una mujer (Cláudia Abreu) y su hijo mayor, Antonio, se enfrentan a la vida, a lo que son, a sus esperanzas rotas, a sus sueños irrenunciables. Ahí estamos. Eso somos, un puñado de ilusiones que quieren convertirse en realidad. ¿Será posible? Vicente Amorim no lo sabe y por eso no ofrece respuestas ni finales felices. La vida tampoco.
Publicado en la columna Séptimo arte del periódico El tiempo (edición Medellín). 15/10/04 pág.2-2. © Casa Editorial El Tiempo. Todos los derechos reservados.
