Nombre: María, llena eres de gracia
Categorías: Drama
Director: Joshua Marston
Año: 2005

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Maria del Rosario Acosta Lopez * * * *
Mauricio Reina * * * ½

María, llena eres de gracia (2005)

María, llena eres de gracia es una película que se merece todos los premios que se ha ganado. Es, básicamente, y esa es su mayor virtud, una historia bien contada; narrada paso a paso desde la perspectiva de un director (y guionista) que entiende que cada drama tiene nombre propio, que el problema de las mulas en Colombia, como puede serlo el de las víctimas de la violencia, los sicarios en Medellín o los campesinos que se convierten en asesinos a sueldo, no puede comprenderse sino desde la mirada personal de cada uno de los protagonistas. Sin caer en exageraciones (María es una niña como cualquier otra que decide, sin necesitarlo desesperadamente, llevar 60 ampolletas de droga en su estómago hasta Estados Unidos) ni juicios moralizantes (los personajes no reciben castigos como si se tratara de providencias divinas), la película logra transmitir, gracias a sus excelentes actuaciones (Catalina Sandino, contra todos los pronósticos, confirma el buen juicio del jurado del Festival de Berlín), los sentimientos por los que atraviesan sus personajes. Y esto, vivir el drama desde los personajes, es justamente la perspectiva que nos falta en Colombia, es la perspectiva que María, llena eres de gracia nos recuerda de principio a fin: aunque ésa no sea su intención, aunque en últimas, como todo buen director, lo único que le interese a Joshua Marston sea contarnos una buena historia, la película logra que salgamos del teatro preguntándonos si no basta ya de condenas morales, si lo que queda no es, más bien, abrir un espacio para el diálogo con esas historias que no son, pero podrían ser las nuestras.

Mejor escena: o por lo menos la más impactante y mejor lograda de todas, la escena en que María, sentada frente a una mesa, debe tragar 60 ampolletas completas, como si fueran las uvas con las que había estado practicando. Lo peor: cuesta acostumbrarse a que Catalina, a pesar de su hablado de niña de la Javeriana, encarna coherentemente a su personaje. Vale la pena: el montaje, la edición, las actuaciones: en general, la mirada del director. Véala si: está dispuesto a aceptar que una película extranjera puede contar mejor nuestros dramas que cualquier largometraje colombiano.

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