Nombre: María, llena eres de gracia
Categorías: Drama
Director: Joshua Marston
Año: 2005

Otras reseñas para esta película

Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * ½
Mauricio Reina * * * ½

María, llena eres de gracia (2005)

Cuando se cierran todos los caminos

La historia es absolutamente colombiana, los actores y la puesta en escena también lo son, pero, ¿Es María llena eres de gracia (2003) una película colombiana o una película hecha en Colombia? Probablemente lo segundo y eso explica que carezca de los tics usuales que vampirizan nuestro cine  -humor barato, exceso de rostros provenientes de la televisión, uso manipulador de lo popular-  y se concentre en extraer toda su fuerza de la aproximación tan sincera y honesta de un drama que vemos casi a diario en los noticieros, pero cuyos orígenes vemos explicados pocas veces.

El guionista y director estadounidense Joshua Marston, con apenas un mediometraje previo en su trayectoria -Bus to Queens (1999)- se atreve a explorar un tema ajeno y en un país extraño, y a pesar de eso logra un retrato tan realista, que por momentos parecemos asistir a un documental sobre la problemática situación de las mulas del narcotráfico.

Con la ayuda del director y productor colombiano Jaime Osorio, Marston logra acercarse y reflejar con exactitud la sensibilidad local, sin impostaciones ni falsos estereotipos, y entregarnos una narración simple, pero precisa y franca.  Lo que acabamos de afirmar no es nada sencillo de hacer, pues implica dejar de lado todas las ideas preconcebidas que sobre Colombia pueda tener un norteamericano, e interesarse de veras por la realidad que desea retratar. Si recordamos  el fallido intento que representó Prueba de vida (Proof of life, 2000) de Taylor Hackford, veremos con claridad todos los méritos de la aproximación verista de Joshua Marston.

El rostro fresco y la actitud desafiante de Catalina Sandino, ganadora en Berlín, se toman este filme. Ella representa a miles de jóvenes colombianas sin futuro claro. Con todos los caminos cerrados hay que optar por alguna solución, por la que sea. Los narcotraficantes pescan en ese río revuelto de insatisfacción, desengaños, anhelos y sueños, y obtienen presas fáciles que harían lo que fuera por un futuro mejor. Esas mujeres no son realmente criminales, todas tienen por lo general un motivo económico que las lleva a tomar ese riesgo, y el papel que interpreta Catalina ejemplifica uno de tantos casos. El director no se quedó con la anécdota del viaje de una de tantas mulas, sino que quiso contarnos los motivos que la llevaron hasta allá.

La tensión dramática que crece minuto a minuto en esta película  no es fruto de alguna situación forzada o improbable, sino de la angustia que representa el azaroso viaje de esta joven y sus compañeras de desventuras. Al partir de una situación real, el suspenso de la película se torna aún más asfixiante, pues sabemos que hay gente de carne y hueso que ha padecido tales abusos y nos duele reconocer que hemos sido ignorantes de una realidad que nos toca tan de cerca.
 
No hay una actitud aleccionadora o propagandista en este filme, ni ese era el propósito del director. La película expone diferentes caras de una misma experiencia y con su final abierto propone que cada cual saque de lo que ve la lección que desee. Con la denuncia de esta situación es más que suficiente para una película. Que otros sean los encargados de poner la moraleja.   

Texto publicado en la columna "Séptimo arte" del periódico El Tiempo (edición Medellín)   pág. 2-2  (16/04/04)

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