Nombre: La dama en el agua
Categorías: Fantasía
Director: M. Night Shyamalan
Año: 2006

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Maria del Rosario Acosta Lopez * * * ½

La dama en el agua (2006)

La dama en el agua

La última película de Shyamalan, contra todos los pronósticos –y, hay que decirlo, contra los comentarios casi destructivos que ha despertado entre la mayoría de los críticos– no sólo es un intento loable por reivindicar la posibilidad de la fantasía –sin caer con ello en la competencia de los efectos especiales y en el ahora repetitivo mundo de los comics–, sino una experiencia renovadora para alguien que esté dispuesto a seguir las extrañas reglas de juego sugeridas por el director desde el principio de la película. No es necesario cerrar los ojos, ni imaginarse ”algún lugar lejano del universo”, pero desde el principio queda claro que es un cuento para niños lo que vamos a presenciar, y que, muy contrario a la manera como la película ha sido comercializada, La dama en el agua no tiene la intención de asustarnos ni de dejarnos en suspenso, sino de recordarnos, como también le sucederá a sus personajes, qué se siente estar dispuesto a creer que el mundo va más allá de lo que estamos acostumbrados a ver. En un medio donde el cinismo se ha vuelto mucho más común –si no más popular– que la ingenuidad, Shyamalan, en un intento cercano al de clásicos del cine a lo Capra, y volviendo al estilo de sus primeras producciones (Wide Awake), se decide por una historia que reconforta en lugar de deprimir, y que, como en cualquier cuento de hadas, no exige de sus oyentes más que la imaginación suficiente para acompañar a los personajes en su aventura.

Lo que tal vez incomoda de la trama son aquellos momentos en los que Shyamalan abandona el discurso del cuento, y juega con la posibilidad de hacer una sátira –a manera de intertexto– del cine mismo y de sus críticos. No es sólo que la crítica, para ser intertextual, se haga demasiado evidente, sino que corta con la consistencia de la ficción que está siendo narrada, e incomoda a quien, no sin dificultad, ha aceptado dejarse encantar por la ingenuidad con la que la historia ha sido presentada, y con la facilidad con la que los personajes han decidido hacer parte de ella. Si como a Cleveland Heep (Paul Giamatti), quien ha rescatado del agua a una doncella que viene de “el mundo azul” a anunciar el futuro a los humanos, nos ha costado trabajo aceptar los términos de la historia, la introducción abrupta de las opiniones del autor en medio de la trama –ya es suficiente con tener que verlo convertido en uno de los personajes principales– pueden hacer difícil el permanecer fieles a la narración. No es fácil, hay que reconocerlo –menos aún después de las experiencias con las últimas películas del director– no caer en la tentación de acusar a lo cómico de ridículo, y a lo ingenuo de torpe. Sin embargo, creo, vale la pena intentarlo.

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