Nombre: No te bebas el agua
Categorías: Comedia
Director: Woody Allen
Año: 1995

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Tomás Obregon * * * *

No te bebas el agua (1995)

Por eso tengo puesta esta camisa

Comencé a seguir a Woody Allen cuando leí una obra de teatro cómica titulada No te bebas el agua. Se la pasé a mi mejor amigo. Y después a mi otro mejor amigo. Y cada vez que encuentro alguna persona que me interese, alguna mujer que me enamore o algún compañero de trabajo que respete, le regalo una de las escasísimas copias que quedan en las librerías bogotanas. Sobra decir, en este punto de mi relato, que la considero una gran obra. Puede servirle a esta reseña, eso sí, confesar una intimidad: se la llevé a mi papá al hospital, en 1995, para que se animara tras una compleja operación gastrointestinal que en un principio pareció un infarto. Y es la única vez en que mi hermana María, mi mamá o yo lo hemos oído reírse a carcajadas. Es increíble. Para nosotros, las personas que crecimos con televisores y ataris a los lados, reírse tiene que ver con pantallas, con caídas abruptas, con caras graciosas. Pero este librito de un poco más de cien páginas, editado por Tusquets en aquella colección plateada que pronto se ajaba, de inmediato nos torcía a todos de la risa.

Cuál no sería mi sorpresa cuando me entero, ese año 1995, de que Allen había filmado una versión de aquella obra para televisión Y cuál no mi emoción cuando leo que había sido protagonizada por Michael J. Fox, Julie Kavner, Woody Allen, Edward Herrman y Dom DeLuise. ¿Podía conseguirse un elenco mejor? No, no se podía. ¿Y un mejor director? En ninguna parte. Por allá en 1969 se había filmado una primera versión, no muy exitosa, de la obra escrita tres años antes por un Allen de 31 años (los mismos que tengo hoy) que comenzaba a abandonar poco a poco el mundo de los humoristas de club. Tuve la suerte de verla. O, bueno, no, quizás suerte sea decir mucho. Tal vez sea mejor decir que la vi y que quedé con la esperanza de que algún día Woody Allen hiciera su propia versión, con su ritmo, su velocidad, tan importantes siempre para que las bromas funcionen.

Y eso hizo en 1994. La grabó para la televisión -la cadena ABC- con el mismo equipo (el cinematógrafo Carlo Di Palma, el escenógrafo Santo Loquasto, la editora Susan E. Morse) que lo acompañó hasta la década siguiente en sus largometrajes. Y reunió al elenco mencionado para una grabación -el término exacto cuando hablamos de televisión- que duró apenas unas cuantas semanas. El resultado fue (es) una película tan divertida como las demás de Woody Allen. Una sátira a la diplomacia, al medio en que viven nuestras comunidades, a la manera americana de habitar el mundo. La historia es simple: tras un pequeño accidente relacionado con los tan de moda problemas de seguridad, la familia Hollander, encabezada por un banquetero judío llamado Walter, tendrá que refugiarse en la embajada norteamericana en un país de los tiempos del comunismo con la esperanza de que no los asesinen a sangre fría. Lo único malo es que la embajada es, en esos momentos, el peor lugar del mundo: un inepto diplomático llamado Alex Magee, hijo del embajador, se encuentra a cargo de una oficina que más bien parece un manicomio.

El caso del padre Drobney, mago aficionado como Allen, es un buen ejemplo para entender a qué clase de sitio han llegado los Hollander. Llegó hace 17 años pidiéndoles asilo. Y ningún funcionario ha podido conseguirle una visa de regreso a su país. No hay esperanzas, pues, para los Hollander. Tendrán que quedarse ahí hasta que un milagro los salve. Tendrán que atrasar el matrimonio de su hija, Susan, y dejar a su hijo al cuidado de una vecina con la esperanza de que nunca los olvide. Y nosotros nos moriremos de la risa. Los diálogos agudos ("soy americano", grita Hollander, "quién más se pondría esta camisa"), las respuestas inmediatas a la Billy Wilder, el ingenio que no se agotará desde el comienzo hasta el final (la trama funciona como una máquina), todo contribuirá a que pasemos uno de los mejores ratos que podemos pasar frente a la obra de Allen.

No te bebas el agua es una comedia fabulosa. Y su montaje televisivo, a cargo de su autor, es inmejorable. Ojalá puedan conseguirla alguna vez. Puede pedirse por amazon, que fue lo que yo hice. En verdad vale la pena verla. Allen está perfecto en el papel de Hollander. El clímax funciona tan bien como en el papel. Y (aquí hay una razón de más para no perdérsela) la actuación de Michael Fox, el tristemente retirado Michael Fox, es realmente estupenda, a medio camino entre su personaje de siempre, el buenazo que comete tantos errores, que merece triunfar a pesar de su infantilismo, y el trágicamente torpe personaje de Woody Allen, el mismo de siempre, que veremos convertido en el Virgil Starkwell de Toma el dinero y corre, el Fielding Mellish de Bananas y el Miles Monroe de El dormilón.

Mi papá la vio conmigo anoche. No la había visto ni se la quería mostrar antes porque pensé que quizás le recordaría sus días en la clínica. Todo salió perfectamente. Decir que se murió de la risa podría sonar mal en este caso. Tendríamos que decir, mejor, que le recordó lo bueno de estar vivo.

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