Nombre: Melinda y Melinda
Categorías: Drama, Comedia
Director: Woody Allen
Año: 2005

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Luis Fernando Afanador Perez * * * ½

Melinda y Melinda (2005)

Hasta los comentaristas más críticos de esta película reconocen que su tema es excelente: ¿la vida debe ser contada como una comedia o como una tragedia?

La historia comienza con una cena de amigos en un restaurante de Manhattan en el que se discute si, finalmente, la vida es cómica o es trágica. Como a la cena asisten dos dramaturgos (Wallace Shawn y Larry Pine), alguien propone que cada uno de ellos desarrolle una historia dramática y otra cómica a partir de la escena de una mujer angustiada que irrumpe abruptamente en un apartamento donde se encuentran cenando un grupo de amigos. Melinda (Radha Mitchell) será entonces la protagonista de las dos historias tanto en su variante cómica como en la trágica.

En la versión cómica, Susan (Amanda Peet), una directora de cine independiente que se encuentra en proceso de filmación de la obra Sonata de castración (sic), está casada con Hobie (Will Ferrer), un actor parado. Melinda, vecina de la pareja, llama a su puerta en busca de ayuda: ha tomado unas pastillas. Desde ese momento Susan decide que debe buscarle un novio a Melinda, sin contar que podría ser Hobie.

En la versión trágica, Melinda llega desesperada –su ex esposo le quiere quitar los hijos, su amante la botó- a casa de su amiga Laurel (Chloe Sevigny) y de su marido Lee (Johnny Lee Millar), un actor alcohólico. Laurel tratará de entusiasmarlo con un dentista, pero ella preferirá al compositor Moonsong (Chiwetel Ejiofor), un seductor incurable que, tal vez llevado por la fatalidad de su nombre, no va dejar tranquila a Laurel.

En la primera versión, la infidelidad terminará de una manera feliz: Hobie, ya enamorado de Melinda, no sabe como decírselo a Susan hasta que la encuentra en la cama con otro hombre: la felicidad de Hobie –o mejor, la gran actuación de Will Ferrer- que vislumbra el camino libre hacia Melinda, producirá una de las escenas más divertidas de la película. En la segunda, Melinda será incapaz de superar la doble traición de su amiga y el dulce compositor e intentará suicidarse.

Volvemos a la discusión en el restaurante de Manhattan. Pero, antes de que culmine, de repente, se apaga la luz: se acabó la película, se acabó todo. Mientras discutimos si la vida es tragedia o comedia, podemos morirnos. ¿La vida es tragedia o es comedia? No importa: lo único cierto es que la vida se apaga en un segundo. Entonces, más importante que tratar de responder esa pregunta incontestable, es intentar ser felices mientras podamos.

Puede que esta no sea su mejor película, pero no hay que ignorarla con los falsos prejuicios –el déja vu Woody Allen-. Es una autorreflexión sobre su obra –marcada por esas dos tendencias- en la que la sencillez no debe confundirse con la simplicidad. Además, tiene buenas actuaciones, una música estupenda -¿Ellington? ¿Stravinski?- y otra vez aquella ciudad inverosímil de hipódromos, acogedores restaurantes franceses, bellos apartamentos y vinos añejos, que sólo podemos alcanzar en sus películas.