Nombre: Spider-man 2
Categorías: Acción
Director: Sam Raimi
Año: 2004

Otras reseñas para esta película

Alejandro Martin Maldonado * * * *
Javier Moreno * * * ½

Spider-man 2 (2004)

¿Cómo ser fiel a la emoción?

Esta es la pregunta que me guía a la hora de escribir esta reseña. Es posible que muchas reflexiones o comentarios me pudieran llevar a reconsiderar mi opinión sobre Spider-Man 2, pero ninguno de ellos podría quitarme la intensidad experiencia de esa primera vez que la vi. Tal como con la primera parte, o incluso más, se trató de toda aventura, un éxtasis. No sé bien qué sea todo lo que confluye en ello, pero volar con Spider-man resulta para mí lo máximo. Es un vuelo sin alas, colgante; a la vez ágil y vertiginoso. Siempre cerca del suelo y las paredes, dependiendo de ese fino hilo elástico. Moviéndose siempre por entre los edificios, nunca por encima. Atravesando Mahattan, la ciudad de nuestro corazón, que es a la vez Metrópolis, el Laberinto y la Torre de Babel. No es un vuelo lineal como el de Superman sino que siempre sube y baja como un péndulo. Está siempre presente ese vacío del bajonazo (como en el barco fantasma de la ciudad de hierro). Y también, luego de rozar el suelo, el placer de la ascención. Allí, en medio del impulso, viene un momento de suspenso en el que ya nada nos sostiene, el del verdadero vuelo, antes de lanzar la nueva cuerda que ha de comenzar el ciclo de nuevo. Si quisieramos usar el vuelo de Spider-Man como metáfora de la serie, éste sería quizás el momento preciso que habría de representar la segunda parte. La primera se trataba sobre todo de lanzar la telaraña, de jugar a colgar de ella. Ahora ya se está en movimiento, ya se han usado los poderes para llegar a lo más alto, y ahora, volando, debe confiarse en ellos para seguir adelante y no caer sobre el duro asfalto.

Preso de la seducción

En la primera parte de Spider-Man era imposible no salir con una sensación ambigua, con un algo amargo en la garganta que no me dejaba disfrutarla del todo. Claro que había sido embebido por el ritmo, me había enamorado de Kirsten Dunst, y había sentido que la mezcla de comedia romántica adolescente con película de aventuras era lo que quería de esa película. Pero esa imagen final y esa voz en off del fondo no podía dejarme tranquilo: Spider-Man dejando los brazos de su novia para después de un atlético recorrido por entre los edificios terminar sobre uno de sus techos sosteniéndose con el brazo de una ondeante bandera de Estados Unidos a la vez que una voz le decía al oído: mayor el poder, mayor la responsabilidad. Era imposible ignorar el momento histórico en que lo estábamos viendo, olvidarse que precisamente esta película tuvo que atrasar su estreno por la catástrofe de las torres. Es más, uno de los motivos por el que ya se había hecho famosa consistió en el hecho de que habían debido borrar cuidadosamente (digitalmente) la aparición de las torres en la película. Entonces, quizás, su ausencia las hacía más presentes aún. Todo esto hacía imposible no leer un peligrosísimo mensaje en esa imagen final de la película. Spider-Man, cuyo traje evoca de manera tan clara la bandera norteamericana, se convertía en símbolo de una nación que justifica en su poder (y en su dolor) su intervención en las vidas ajenas. Sin embargo, a pesar de ser consciente de ello, no podía evitar caer seducido por la película.

En esta segunda parte sigue presente la doble lectura. Por un lado fascinación y por otro sospecha. Voy a desarrollar aquí un poco más la descripción de los elementos que podrían explicar la manera como viví la película y que van más allá de los espléndidos efectos especiales. Claro que justamente comenzaremos por ellos. Estamos ante una NY, mitad fotografiada, mitad generada por computador. Ya en otro momento he señalado mi ambigua sensación ante el uso actual de los efectos digitales (CGI). Tanto en El señor de los anillos, como en las nuevas entregas de La guerra de las galaxias produjeron en mí el efecto contrario: en vez de meterme en la película, me sacaban, me distanciaban. Dejaba de preocuparme por esos personajes que no parecían de carne y hueso sino de bits y bytes. Las largas secuencias de recorridos tridimensionales me aburrían hasta el punto de dormirme. Aquí, en cambio, era yo el que colgaba de las cuerdas. Si bien en algunos momentos el cuerpo de Spider-Man tenía el caracter de un volumen un poco melifluo, esta sensación nunca primaba. Sam Raimi logra siempre volver sobre el rostro de Peter para que recordemos que es él quien lleva el traje. Por otro lado, en las vistas de la ciudad muy pocas veces notamos las trancisiones de la que fue filmada directamente a la que fue digitalmente generada. Muy probablemente sí se note, pero quizás lo que importa ahora es que yo no lo noté*. La atención estaba controlada de tal manera que uno se concentrara en otras cosas, que lo digital no resultaba un elemento distractor.

La película 

Ahora sí, ¿qué es lo que había en la película, fuera de los efectos especiales, que me hiciese gozar de tal manera? Por un lado está la cuidadosa dirección de Sam Raimi, que aquí se permite incluso ser más juguetón que en la primera. Especialmente, en la secuencia donde "revive" el Octopus podemos recordar que se trata de un director que algún día produjo cintas de culto como Evil Dead. En esa secuencia vemos cómo, con una edición entrecortada de tomas gráficas y simples con ruidos metálicos, logra hacernos sentir escalofrío en los huesos. Esta clara allí esa interseccion de humor y horror desarrollada hasta extremos que nunca he logrado encontrar soportable en el gore, aunque pueda dejar de reconocer que hay allí una sabiduría (quizás sobre todo un ingenio) que ha hecho que los maestros de ese género cinematográfico hayan apoderado hoy de las pantallas (Peter Jackson es la otra prueba de ello). No parece ser posible dudar que Raimi adora a Spider-Man, y es precisamente ese amor el que se ve expresado en lo detallada de su dirección y en el gusto que parece tener en ello.

Fuera del director están los demás elementos técnicos de los cuales ninguno desentona. La emocionante banda sonora de Elfman (que recordamos sobre todo por sus colaboraciones con Tim Burton) desarrolla los temas de la primera parte y acompaña siempre perfectamente la acción. Aquí es la música nos introduce de una vez en la película acompasando unos créditos que están a la altura de los de la primera parte (quizás los mejores créditos desde Seven). En los créditos, a la vez que se nos recuerda que estamos ante un comic, se nos muestran los elementos más importantes de la película anterior. Por otro lado, la fotografía es siempre clara y colorida: nunca perdemos los detalles que nos interesan en los complejos planos generales, y en los planos cerrados siempre nos transmite la emoción de los personajes. Para ser una película con tantos movimiento de cámara es sorprendente encontrarse con tantos cuadros delicadamente dibujados. Ahora recuerdo sobre todo las tomas de Peter en su cuarto visto desde afuera del edificio y muy especialmente el momento en que está en la lavandería. Allí, como casi toda la cinematografía norteamericana, pide ayuda de Hopper para diseñar esa sensación de soledad metafísica. La edición mantiene ese vaivén entre agitación de las escenas de acción y reposo en las de desarrollo del personaje; quizás sólo hemos de reprocharle que no hubiese recortado un par de momentos que alargan hacia un poco más de dos horas una película que con 15 minutos menos habría sido perfecta.

Y claro, están los actores, pero estos son inseparables de los personajes. En esta entrega Peter Parker (Tobey Maguire) debe asumir su papel como superhéroe. Salió del colegio y comienza la universidad, deja de vivir con sus tíos y consigue un miserable apartamento en Manhattan. Peter comienza su vida independiente pero es incapaz de coordinar el día a día de un estudiante común y corriente con su faceta de superhéroe. Inevitablemente queda mal tanto en el estudio como en el trabajo, al ser siempre interrumpido por sus obligaciones heróicas. Maguire que es quizás la personificación en la pantalla de la adolescencia. [ Yo fui a ver la película con una de sus mayores fans: mi hermana. Él se roba el corazón de las niñas con esa mirada que está cargada de dulzura. Aquí recuerda el personaje que había representado en una de las mejores películas sobre la adolescecia: Wonder Boys.**]

Junto a Peter está MJ (Kirsten Dunst). Ya en otra reseña (Mona Lisa Smile) había declarado mi enamoramiento incondicional por ella. Aquí no le dan mucho tiempo de pantalla, pero siempre que aparece logra captar nuestra mirada: hacen que la veamos con los ojos de Peter. No podemos evitar quererla. Además, la película aprovecha esa melancolía de su mirada que es quizás la marca paradigmática de los protagnistas adolescentes del cine de hoy (Lost in translation). No están ni aburridos, ni disconformes, tampoco están allí simplemente para aprovechar el tiempo e irse de fiesta, sobre todo parecen estar desconcertados, desubicados (estoy pensando tanto en los dos protagonistas de esta película como los de series de televisión como Felicity, Dawson Creek, o la mejor de estos momentos: Everwood; y claro, en los dos mejores papeles de esta misma actriz: Virgin Suicides, Crazy/Beautyful). Por un lado podemos entender perfectamente que Peter esté enamorado de ella, pero por otro, los gestos de MJ nos permiten seguir su estado de incertidumbre, de indefensión. Claro que por encima de todo está la chispa entre los dos, una magia muy difícil de generar pero de la cual depende siempre que los romances en la pantalla funcionen, y este lo hace.

Y con ellos dos están: el mejor amigo (James Franco), que interpreta muy bien ese amor-odio por Pete-Spidey, la tía (Rosemary Harries) que se roba el show en una secuencia de acción, y muy especialmente el villano (Alfred Molina) que logra una perfecta interacción con los brazos mecánicos (que son el verdadero malo de la película). El gran defecto de la primera parte era el malo: nunca intimidaba y era más bien una versión vergonzosa de Dr. Jeckyl y Mr. Hide. Dr. Octopus tiene también algo de ese personaje mítico, pero aquí son los brazos mecánicos esa encarnación del demonio que toman control de todo su cuerpo. El desarrollo del personaje es un poco abrupto, sobre todo su "conversión" de genio científico en busca del bien de la humanidad a loco que haría todo por llevar a cabo su proyecto.

Resulta extraño que en ambas partes los villanos tengan una doble-personalidad, en la que algún espíritu malingo se apodera del cuerpo de alguien más bien bondadoso. De todas maneras es interesante resaltar como ambas películas giran alrededor de los límites (de la humanidad) que nos permite atravesar la tecnología. Spider-Man mismo es el resultado de la investigación genética (al igual que Hulk): es en alguna medida un "monstruo" generado por la investigación científica. Dr. Octopus (el reflejo oscuro de la araña) nace en el momento en que cierto aditamento electrónico toma poder sobre aquel que creía utilizarlo como instrumento. Esos brazos mecánicos (el mejor efecto especial de la película) logran inquietarnos con sus ágiles y metálicos movimientos. Esa fusión hombre-máquina nos reucerda los mejores experimentos de Cronemberg.

Segundas partes no siempre fueron malas.

En la primera parte, Peter Parker se encuentra con unos extraños super-poderes que le alteran definitivamente su existencia y lo enfrentan a una vida que nunca sospechó. La muerte de su tio lo marca profundamente y su enseñanza (a mayor poder, mayor responsabilidad) lo determina hacia una vida dedicada a luchar contra el mal. Se da cuenta también que asumir Spider-Man implica alejarse lo más posible de todos las personas que más quiere, ya que cualquier vínculo sentimental implica arriesgar sus vidas. Entonces ese don resulta también una maldición. La segunda parte consiste justamente en la reflexión sobre el sentido de esta doble cara de su nueva condición. Al igual que Superman 2 la película comienza con el protagonista reconociendo el caracter maldito de sus poderes. Al igual que en El imperio contraataca es aquí donde debe hacer la transición, reconocer su lugar y su misión. En aquellas dos sagas la segunda parte resultó ser la más interesante, la más compleja (aquella donde el melodrama jugaba un rol más crucial). Ser Spider-Man le impide llevar una vida de estudiante normal, y por encima de todo, estar cerca de la mujer que adora. Es interesante como esta lucha interna hace que sus poderes se debiliten, pierda la confianza en el vuelo y un vértigo se apodere de su movimiento. Tiene entonces que escoger: está entre la vida ordinaria que ha ido perdiendo y la vida de super-héroe que apenas comienza a dominar.

La peculiaridad de esta película, dentro del género de super-héroes, es que en ella el protagonista varias veces se quita la máscara. Presenciamos todo un enfrentamiento con la máscara. Vemos varias veces a Peter Parker vestido de Spider-Man, pero con el rostro descubierto. Esto nos ayuda a identificarnos con el ser enmascarado que se balancea entre los edificios. Y quizás allí radique el éxito de la película: en reconocer en el super-héroe el adolescente asustado que somos nosotros, el adolescente indeciso.

A mí, que tanto me cuesta tomar decisiones, esto no podía dejar de marcarme. Hay un momento en la vida que en general resulta crítico y que para mí resultó determinante y es el momento de terminar la carrera. En casi todos los casos que conozco las parejas de novios que llegan a ese momento tienen muchos problemas y discusiones y, o bien terminan, o se casan. En el mundo académico, que es el que yo me muevo, además hay un serio conflicto de intereses en ese momento, ya que es muy difícil encontrar la forma de que ambos puedan desarrollar su proyecto personal simultaneamente, y siempre alguien deber renunciar por el otro.

La adolescencia se define tradicionalmente como ese momento de tránsito. Se deja de ser niño, pero aún no se es adulto. Toca empezar a tomar decisiones. Quizás una peculiaridad de esta época en que vivimos es que la adolescencia puede ser estirada hasta que puede llegar a convertirse en una aberración. Antes, escoger una carrera era en alguna medida fijarse ya un futuro, enrutarse. Ahora, con la necesidad de los posgrados y la volubilidad de los puestos de trabajo, la carrera es apenas un momento de transición. El caso es que se atraviesa toda una época de la vida en la que una gran cantidad de rasgos fundamentales se van fijando sin tener tomar ninguna decisión drástica acerca del camino que habrá de tomarse en el futuro. Me acuerdo que hablando un día con mi tio mayor (la "cabeza" de la familia) me dio un ejemplo que parece solía utilizar: un árbol se puede transplantar aún joven, pero llega un momento en que ya no se da en ninguna tierra. Creo que desde entonces me ha costado hablar mucho con él y no sé cuándo podré hacerlo.

El héroe.

La tía, que, como todos los personajes cercanos a Peter parece conocer su "secreto", le da un discurso sobre la necesidad que tenemos de los héroes. Ricardo hizo en Soho una reflexión muy especial sobre los héroes el momento en el que a la vez que salía la primera entrega de Spider-Man elegíamos a Uribe como presidente. Ahora estamos justo en un momento en que los líderes políticos nos han llevado a una situación mundial insoportable; y en nuestro país, el presidente que entonces elegimos, asumiendo la tarea del héroe que todo lo puede, está dispuesto a hundirnos con él, ya que no puede imaginar que podamos sobrevivir sin su dirección. En estos tiempos, la figura del héroe se torna tremendamente sospechosa, y junto con ella este discurso que pretende exaltarla (y claro, la película que quiere sublimarla). Cuando la ví, el discurso de la tía se me hizo jarto, redundante. Ya, en otra secuencia mucho más lograda, habíamos notado cómo Parker se había dado cuenta de la encrucijada en que estaba y de lo que significaba renunciar a su máscara. Sin embargo, el hecho de que la reflexión fuese llevada a palabras me hizo seguir pensando sobre el sentido de las mismas. Me obligó a atender a lo que se había dicho y sus implicaciones. Y me di cuenta como no sólo necesitamos héroes para redimir nuestros insomnios. Hace poco uno de mis profesores (Fernando Zalamea) se ganó en España el premio Jovellanos que le permitió publicar un agudísimo y a la vez hermoso libro-ensayo que nos ayuda justamente a pensarnos en este desarticulado mundo contemporáneo. Ricardo mismo publicó hace poco un libro de poemas que ya se agotó en las estanterías. Y María concibió un ambicioso proyecto que va a comenzar a desarrollar con el profesor de sus sueños en Boston. Esos son mis héroes. No sólo me señalan que es posible hacer algo, sino que además con su trabajo me dan pistas para pensar a la vez me emocionan con lo vitales de sus motivaciones.

Las lecturas de una película.

Podemos ver entonces Spider-Man como un canto más a el espíritu americano. Podemos verlo como un divertimento superficial en el que unos efectos ruidosos nos ayudan a distraernos por unas horas. Podemos incluso tomarlo como parte de la oscura conspiración del imperio para dominar nuestro subconsciente y vendernos más chucherías. Sin embargo podemos aprovecharla para ver qué es lo que en ella nos apasiona. Reconocer también cómo en gran medida hemos sido educado por ese cine y esas imágenes. Podemos buscar las claves que nos permitan reconcer en las películas de superhéroes toda la herencia de las mitologías clásicas. Yo intento entender una fascinación, pero no perderla en ello. Para una larga tradición entender algo quería decir quitarle lo que tenía de mágico (explicar su mecanismo). Creo que en el momento que deje de ser fascinado por una película, habré perdido el cine. El cine es encantamiento. Pero esto no quiere decir que por ello anule el pensamiento, y el esfuerzo aquí está precisamente en ello.

NOTAS

* Percibir los efectos digitales. Me sorprendí al volver a ver Fight Club en DVD ya que noté la cantidad de efectos CGI que allí se usan y que al verla en cine no me llamaron la atención. Hay dos elementos que son los que quisiera tematizar: por un lado está el paso del tiempo que nos sensibiliza la mirada y nos hace distinguir efectos que en una primera mirada no notamos; por otro, está que cuando tenemos una mirada encantada (tan diferente de la mirada crítica) muchos se nos pasan, ya que el director (como todo buen mago) logra controlar la dirección de nuestros ojos. Un amigo hace poco me confesaba que se sorprendió viendo un joven jugando playstation y que él, por un buen tiempo, creyó que era un partido real.

** Wonder Boys. Esa película no sólo comparte con la película este tema, propio de las Entwicklungsroman, sino también el escritor. Michel Chabon, afamado novelista norteamericano firma tanto aquella novela como la historia que dio cuerpo al guión de esta película. En Wonder Boys se da una peculiar identificación entre el profesor estancado y el joven alumno que está a punto de dar el primer paso. El personaje de Maguire allí tenía un toque bizarro que lo hacía mucho menos convencional que Peter Parker. Allí esa mirada perdida que tiene servía para asestar unos golpes cínicos que le daban color a la película.

 

 

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