Nombre: Amy
Categorías: Drama, Documental, Basado en hechos reales, Musical, Biográfica
Director: Asif Kapadia
País: Reino Unido
Año: 2015

Otras reseñas para esta película

Samuel Castro * * * *

Amy (2015)

Ver el fuego extinguirse

“…y nadie ha comprendido su trágico lamento…
Era una llama al viento y el viento la apagó”.

Fragmento de “Futuro”, de Porfirio Barba Jacob

¿Qué es el talento sino un fuego que comienza arder, por combustión espontánea, dentro de aquel que nace con él? Es un regalo de los dioses, que diferencia al que lo posee de los demás. Una voz que te dice “eres distinto”. Una llama que se nota hasta en los gestos más simples. Como lo muestran al comienzo del bello y doloroso documental que es Amy de Asif Kapadia (disponible en Netflix desde hace 10 días), cuando vemos a un grupo de amigos celebrar un cumpleaños, todos cantan y Amy Winehouse, al llegar su turno, convierte su versión de “Happy birthday” en una explosión de jazz. El talento es fuego.

Las historias de esos iluminados por el fuego que mueren jóvenes son tan parecidas (piensen en Kurt Cobain o en Janis Joplin), que era necesario un director dotado de buenas ideas para que la historia de la cantante británica fuera algo más que un programa escandaloso, de los que pululan en los canales de cable retratando la vida de “los famosos”. Por fortuna Asif Kapadia demuestra desde el primer momento que el reto estaba hecho a su medida. Haciendo un uso admirable del material de archivo disponible, Kapadia nos presenta a una chica capaz de derretir el acero con su voz, pero también a una adolescente frágil debido a su sensibilidad, necesitada de afecto y de figuras de autoridad.

Quien ha visto una fogata sabe que el fuego atrae gente a su alrededor. Kapadia nos muestra tanto a las amigas de infancia de Amy, que cantaban con ella en las fiestas (cuyos testimonios finales son los más tristes), como a aquellos que se acercaron a su vida cuando estuvo claro que esa muchacha era una cantante prodigiosa. Y lo hace sin que veamos a una sola persona hablándole a la cámara, pues en lo que es una de las principales fortalezas de la película, hay una doble narración: la de las imágenes mismas y la de las voces en off que amplían sus efectos sobre nosotros. No es lo mismo ver a Amy mirando desorientada hacia el infinito, que hacerlo mientras oímos a su pianista decir que había llegado a ese momento en que no le importaba sabotear su propia carrera.

Lo más cruel es comprobar que tanta gente veía cómo Amy se hacía daño y se aferraba a compañías que sólo la perjudicaban, como la de Blake Fielder, su marido (hay una secuencia en que el tipo surge de la oscuridad, como un ser de tinieblas que quisiera apagar la luz a su lado) sin hacer nada para evitarlo. Su padre, por ejemplo, queda retratado como un pusilánime, demasiado preocupado porque el flujo de dinero que implicaba la carrera de su hija, no se agotara.

Pero Kapadia quiere hacer un retrato justo, Por eso también pone la imagen en que Amy se queda alelada, viendo a Tony Bennet, uno de sus ídolos, que la presenta en una premiación. Verla es contemplar a una estrella reflejada en otra. Había fuego en esa mirada, y todos nosotros permitimos que se extinguiera. Ese es nuestro castigo.

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