Nombre: Creed
Categorías: Drama, Romance, Deportes, Familiar, Basada en una película previa
Director: Ryan Coogler
País: Estados Unidos
Año: 2015

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Samuel Castro * * * ½

Creed (2015)

Pica como abeja, vuela como mariposa

¿Habrá algún deporte (aunque muchos crean que no lo es) más cinematográfico que el boxeo? El hecho de que su acción esencial quepa en el cuadro de una pantalla, además de la agilidad y sensualidad de los movimientos, casi coreográficos, y del drama inigualable de dos personas que pelean por sus vidas, convierte cada pelea en un cortometraje emocionante y único. Si casi no hay películas que cuenten partidos de fútbol por lo aburridas que serían (podrían transcurrir horas sin que pasara nada) no hay tantas de boxeo por todo lo contrario: es un deporte tan emocionante, que hay que tener una propuesta única para superar la tensión de una pelea real.

¿Habrá alguna película de boxeo más icónica que Rocky? Lleva 40 años conmoviéndonos, gracias a su música inolvidable y a la historia de aquel gigantón humilde, consciente de los pocos talentos que poseía, que no se dejaba usar de carne de cañón en una pelea en que todos creían que perdería fácilmente, mientras se enamoraba con amor adolescente, de una muchacha frágil como un pajarito.

Con Creed Ryan Coogler no sólo se atreve a filmar su propia película de boxeo, poniendo su nombre en la lista exclusiva de los directores que han aportado visualmente al tema (encabezada por Martin Scorsese con su Toro salvaje y donde también estarían Michael Mann y Ron Howard) sino que toma al personaje más importante del subgénero y lo incorpora a una historia que roba a conciencia los elementos más importantes de Rocky (ese desquite con la vida que sentía el protagonista, la historia de amor complicada, la pelea sin esperanzas de victoria) y los vuelve a presentar en un empaque brillante.

No importa si nos parece creíble o no, la existencia de este hijo no reconocido de Apollo Creed, criado por la viuda de éste, que se mete a boxear a pesar de haber crecido con todas las comodidades, por las ansias de probar algo. Tampoco importa si nos gusta que busque a Rocky Balboa para que lo entrene, apelando a la vieja amistad entre los antiguos rivales. Sylvester Stallone luce tan cómodo y tan perfecto en un papel que en 1977 escribió para sí mismo, que es casi seguro que lo veremos levantando el cinturón de campeón de los actores: el hombre dorado del Óscar. Cuando lo merecen, no tiene nada de malo premiar a los símbolos.

Lo que importa es que Creed es una maravillosa película de boxeo, que usa los planos secuencia (esas largas tomas donde no hay cortes de edición) para que sintamos que vemos la pelea a un palmo de los boxeadores, a la altura de sus hombros, y que vuelve a recordarnos que el cine con vocación popular es extraordinario cuando se hace con ingenio, con pasión y con la ayuda de un actor que va en camino de estrella: un fantástico Michael B. Jordan que le imprime a su personaje una complejidad emocional e intelectual muy rara en los boxeadores del cine.

Suena la campana del décimo segundo asalto y no nos importa si Creed gana o pierde. Nos importa que haya peleado. Y que pesar de todo, siga de pie.

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