Nombre: La gran apuesta
Categorías: Drama, Política, Basado en hechos reales, Comedia dramática, Histórica, Horror, De época, Basada en un libro de no ficción
Director: Adam McKay
País: Estados Unidos
Año: 2015

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Samuel Castro * * ½

La gran apuesta (2015)

Viaje a la tierra de ciegos

Hay películas con prerrequisitos. Las que hacen parte de una saga son las más obvias, por supuesto. Pero hay otras que necesitan cierto conocimiento previo, para disfrutarlas mejor. Piensen en lo extraño que sería, por ejemplo, ver La pasión de Cristo si uno no supiera quién es Jesús. Con La gran apuesta ocurre lo mismo. Para los que no hemos leído el libro de Michael Lewis en el que se basa su guión, es casi una obligación haber visto antes Inside job, el magistral documental de 2010 en el que nos explicaban qué había ocurrido en la economía más poderosa del planeta para que se diera la debacle financiera de 2008, que arruinó a millones de personas.

Digo que es un prerrequisito porque sin esa ayuda es fácil confundirse con una trama que se expande en cuatro líneas argumentales, llena de diálogos con términos bursátiles que son explicados a lo largo de la película con cuanto recurso se puede usar (se congela la imagen y aparece el significado de la palabra, el personaje de Ryan Gosling le habla a la cámara, algunos “famosos” como Selena Gomez o Anthony Bourdain, nos dan ejemplos) y que intenta, por todos los medios, inyectarle a algo tan frío como puede ser la economía, la tensión de una cinta de acción o de una comedia alocada, el tipo de películas que había tenido a cargo hasta este momento, su director y guionista, Adam McKay, nominado al Óscar de este año por ambas labores.

McKay quiere que nos conectemos emocionalmente con sus personajes, los tipos que vieron antes que nadie la toxicidad de los productos financieros que los bancos calificaban como muy seguros. Para hacerlo, nos relata algunas anécdotas íntimas, como el ojo de vidrio que tiene Michael Burry, el personaje que encarna Christian Bale (porque en tierra de ciegos, la justicia poética indica que un tuerto debe descubrir la trampa) o los motivos del odio hacia el sistema que tienen otros. Lo consigue a medias, sobre todo porque tantas historias, sumadas a lo complejo del tema, obligan a una inevitable aproximación superficial a sus vidas. Sin embargo, lo que sí logra el mosaico narrativo, es darnos una visión panorámica del coctel de estupidez, codicia e hipocresía que se necesitó para que nadie en Wall Street (y quién sabe dónde más) viera que las ganancias que despilfarraban a manos llenas, venían de productos financieros que básicamente eran empaques bonitos de humo.

En algún momento de la película, aparece una frase memorable: “La verdad es como poesía, y la mayor parte de la gente odia la poesía”. Cuando sabemos que la cita no fue oída en un bar de Washington, como aparece en pantalla, sino inventada por los guionistas, entendemos que tal vez el principal problema de La gran apuesta es intentar con tanta desesperación parecer una película inteligente. Como si McKay tuviera que probarnos y probarse a sí mismo que el director de Anchorman es capaz de filmar historias serias. A lo mejor si intentara serlo, en vez de parecerlo, su película no necesitaría prerrequisitos.

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