Nombre: Máxima precisión
Categorías: Drama, Acción, Suspenso, Política, Guerra
Director: Andrew Niccol
País: Estados Unidos
Año: 2014

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Samuel Castro * ½

Máxima precisión (2014)

La guerra pasteurizada también hace daño

Hace casi 20 años, Andrew Niccol escribió y dirigió Gattaca, una hermosa y elegante película de ciencia ficción que se desarrollaba en un futuro donde los pilotos de naves espaciales parecían oficinistas, yendo al centro espacial en traje y corbata. Dieciocho años y varias decepciones después (de él es esa seudofábula boba e innecesaria llamada In time) Niccol escribe y dirige una película donde los pilotos de los aviones de combate del ejército de Estados Unidos, son efectivamente oficinistas. El problema es que ya no es ciencia-ficción; esta es la realidad de las confrontaciones modernas, convertidas por obra y gracia de la tecnología en guerras pasteurizadas

Como lo fue en Gattaca el actor que encarna al personaje principal de Máxima precisión es Ethan Hawke, cuya interpretación brilla al lograr darle a su personaje una manera de gesticular y de modular su voz que no le habíamos visto durante su extensa carrera. Logrando que parezca que no hace esfuerzo alguno, Hawke le imprime al Mayor Thomas Egan a través de los movimientos cansados y la mirada ansiosa, una sensación de desespero con la vida, que nos ayuda a entender lo que está en juego en estos galpones tecnificados, donde jóvenes cuyo único talento es ser buenos en los videojuegos, han sido reclutados para capitanear la guerra contra el terrorismo, manipulando drones a miles de kilómetros de distancia de la zona de guerra en la que dejarán caer sus bombas mortíferas Sin importar cuántas bajas causen, a la hora de la cena podrán conducir hacia sus casas, en este suburbio cercano a Las Vegas, a cuidar a sus niños perfectos y a consentir a sus esposas, todas tan bonitas como la del Mayor Egan, la preciosa January Jones.

Ese desespero, que iremos descubriendo a medida que entendemos las rutinas de estos muchachos de uniforme a lo Top Gun, integrantes de la Fuerza Aérea que nunca han volado un avión, se debe a que Egan fue piloto de verdad en Iraq y más que ningún otro, debe sufrir en carne propia un hecho inobjetable: estar tan lejos del objetivo inmuniza la conciencia. Esa es la reflexión que nos plantea Niccol. A pesar de lo cruel que es toda guerra, ¿no era un poco más leal aquella batalla en que el enemigo me podía mirar a los ojos?

Sin embargo Niccol fracasa ostensiblemente en lograr que la reflexión acompañe a una narración apasionante, como en aquella película que hemos citado tanto. Aquí pareciera que el tedio del protagonista se le contagia a la cinta, condenada a repetir los mismos planos desérticos de la zona que los rodea, y las mismas vistas aéreas sin sonido de los ataques que realizan en Afganistán, una y otra vez. A la cuarta explosión a uno tampoco le importan ya las pobres víctimas del conflicto. Y por más que actúe bien Hawke, las decisiones de su personaje nunca acaban de ser lógicas, lo que termina afectando a Máxima precisión, haciendo que sólo funcione como idea. Como si de aquel director creativo de hace años, sólo quedara un oficinista desganado y somnoliento.

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