Nombre: Puente de espías
Categorías: Drama, Suspenso, Política, Basado en hechos reales, Guerra, Biográfica, Histórica, De época, Crítica social
Director: Steven Spielberg
País: Estados Unidos
Año: 2015

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Samuel Castro * * * ½

Puente de espías (2015)

La duda luminosa

En la primera escena de Puente de espías, Steven Spielberg logra comunicarnos, con una anécdota visual muy bien pensada, aquello que decía Gabriel García Márquez: tenemos una vida pública, como de retrato al óleo, para que nos vea la sociedad entera; una vida privada, más cercana y familiar, como la que nos devuelve el espejo; y una vida íntima, nuestro yo más real, el que va al baño y se afeita. Son las tres caras que vemos de Rudolf Abel, el espía de la Unión Soviética detenido en New York  en 1957, que tuvo que ser defendido —para mostrar que en Estados Unidos todos tenían derecho a una defensa legal justa— por James Donovan, presentado también, como mandan los cánones del guión clásico, con una anécdota: lo vemos llenar con el mismo sentido común que lo distinguirá en la trama, una conversación sobre reclamaciones de seguros y cálculo de beneficios, pues hace años que no ejerce el derecho penal.

Tom Hanks, que como bien dijo alguna vez, acierta más que muchos de sus colegas porque acepta personajes que tienen su misma edad, vuelve a meterse en uno de los roles en que encaja mejor: el del hombre común con convicciones. Aunque Donovan sabe los problemas que puede traerle defender al que toda la sociedad ve como la encarnación del mal, entiende que es su deber y lo ejecuta a cabalidad, y no como pretenden muchos, con displicencia. Durante el ejercicio de su tarea conocerá y sentirá aprecio por la tranquilidad y fortaleza de Abel (un extraordinario Mark Rylance, probablemente candidato al Óscar como actor de reparto) con quien sostiene algunos de los mejores momentos de una cinta que, como siempre pasa con Spielberg, recrea gracias a un diseño de producción perfecto y a un casting acertadísimo, un momento histórico que tiene resonancias en el presente. Porque no hay que ser muy perspicaz para entender que el director nos habla desde la anécdota del pasado (como ya hizo con Amistad o con Lincoln) sobre el mundo de hoy, en el que debemos decidir si nos vamos a comportar como el enemigo para destruirlo, o si vamos a recordar que es la constitución, las leyes que hemos formulado como sociedad, las que no hacen iguales, no nuestro origen, nuestra religión o nuestra bandera política.

En varias escenas de la película, cuando Donovan se ve enfrentado a sus dudas, Spielberg, con la ayuda de Janusz Kaminsky, su magnífico director de fotografía, nos lo presenta a contraluz, iluminado fuertemente por brillos detrás de él, creando nuevamente esa sensación de intimidad en que un hombre está solo con sus pensamientos. Y luego, con Donovan solo en el puente del título, las luces se apagarán cuando todo esté consumado, para recordarnos que hay un momento en que lo único que podemos hacer es esperar el resultado de nuestras decisiones éticas, como en una elección. Solo ahí sabremos si esas vidas que tenemos, la pública, la privada y la íntima, pudieron ponerse de acuerdo en aquello que como personas y como ciudadanos, consideramos correcto y justo. Y bueno.

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