Nombre: Keith Richards: under the influence
Categorías: Documental, Musical
Director: Morgan Neville
País: Estados Unidos
Año: 2015

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Samuel Castro * * * ½

Keith Richards: under the influence (2015)

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“Una imagen, viejo; una imagen es como una pesada bola con cadena. No es como una sombra, porque está ahí las 24 horas. Cuando el sol se pone, no desaparece”. Quien habla es Keith Richards, casi 72 años, guitarrista de los Rolling Stones, leyenda viva. Y la imagen de la que se lamenta es la que muchos tenemos de él: la de ese roquero inagotable y bebedor, salvaje, que nunca se acuesta antes del amanecer. Esa misma imagen es la que intenta contradecir, con éxito notable, en Keith Richards: under the influence, el documental que se estrenó hace pocos días en el Festival de cine de Toronto y que está disponible para quien quiera verlo en Netflix desde esta semana.

La película no intenta ser biográfica a la manera usual. Aunque Richards desgrana recuerdos emocionantes en orden cronológico —ahí está por ejemplo, después de evocar el excelente gusto musical de su mamá, aquel encuentro en el tren con un jovencito de labios gruesos que cargaba un disco de Muddy Waters y otro de Chuck Berry bajo el brazo, un tal Mick Jagger—, sino más bien evocativo, como quien se sienta a conversar con alguien a preguntarle en desorden por lo que ha sido importante en su trayectoria. Morgan Neville, el director, especializado en documentales sobre la música, como A 20 pasos de la fama que también vimos en Colombia, consigue una confesión íntima, nostálgica y divertida que va de las reflexiones sobre la vida (“No eres adulto hasta el día en que estás dos metros bajo tierra”) hasta una mirada casi filosófica sobre el hecho mismo de la música, sobre lo que significa componer canciones o dejarse llevar por una melodía cualquiera en un ensayo (“Es como levitar” dice Richards), de los cuales hay muchos, pues este documental comenzó siendo un registro promocional del último disco del guitarrista inglés en solitario.

La profusión de información para la que no hay contexto, porque viene de los recuerdos de Keith tomados al momento, hace que no sea este un documental para neófitos. Para disfrutarlo completamente hay que conocer un poco de la escena del blues norteamericano de los cincuentas, o al menos querer saber quiénes eran Willie Dixon y Howlin’ Wolf. Sin embargo, quien no tenga ni idea de la historia del rock, tiene aquí una buena oportunidad para comenzar, dejándose llevar por ese fraseo ronco de Richards, que acompaña un interesante material de archivo, puesto en el momento justo, o por la risa franca de un hombre que ya no tiene que probar nada, que confiesa el amor puro que siente por sus nietos y que asegura que va a tocar hasta que pueda. Se sienten tan honestas sus palabras  que a veces chillan ciertos efectos de iluminación y fotografía, que tiñen la imagen de colores, como una nota desafinada en una melodía simple y bella.

No se dejen engañar. El “bajo la influencia” del título, no se refiere a drogas o al alcohol, como podría creerse. Se refiere a la música, ese arte mágico que nos ha hecho creer que Richards es inmortal. O que cuando toca, es capaz de levitar.

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