Nombre: Yves Saint Laurent
Categorías: Drama, Biográfica, Histórica, De época, Basada en un libro de no ficción
Director: Jalil Lespert
País: Francia
Año: 2014

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Margarita María Echavarría Ruiz * * ½

Yves Saint Laurent (2014)

La simple historia de un gay

Cuando de retratar a grandes personajes se trata, el cine se convierte muchas veces en un medio ineficaz para capturar las vidas y las múltiples experiencias de estas extraordinarias personas. Es común también que algunos directores se inclinen por mostrar lo más escandaloso o quizá lo más polémico del personaje con el fin de capturar la atención de la mayor cantidad de personas y crear algo de revuelo alrededor de su película. Esperemos que este no se convierta en la costumbre del director Jalil Lespert y sólo se trate de un mal criterio temporal.

Lespert dirige y escribe Yves Saint Laurent, una película francesa del año 2014 que abrió la sección Panorama del 64 Festival Internacional de Cine de Berlín. Lespert, de origen argelino al igual que el famoso diseñador, intenta homenajear a su compatriota presentando a un Saint Laurent en la plenitud de su juventud y belleza, poseedor de un gran talento y deseado por todos, haciendo un gran esfuerzo por evitar mostrar al diseñador en su vejez. Sólo se arriesga a traicionarse cuando en la escena final muestra sus manos envejecidas sobre unos bocetos, acompañado de su eterno cigarrillo.

A pesar de ser la historia de la vida de un gran diseñador, la presencia de su compañero sentimental y de negocios Pierre Bergé es central y omnipresente en la película, que bien podría llamarse Yves et Pierre ya que el guión gira por completo entorno a su armónica y a la vez caótica relación: sus inicios, sus conflictos, las separaciones, infidelidades y éxitos profesionales. Y es que conservar una relación de cualquier tipo por cincuenta años es todo un logro. Es quizá por esto que Bergé autorizó y aprobó ésta película y no Saint Laurent de Bertrand Bonello que se estrenó también en 2014 y en la que Bergé no es un personaje relevante.

Esa relevancia de Bergé la constatamos en los inicios de la película con la escena que lo muestra envejecido, sentado en una hermosa terraza narrando en primera persona su primer encuentro con Saint Laurent "Eras tan joven y muy bello, tan tímido, tan brillante. Aún no te había conocido y ya habías emprendido solo tu primera batalla". El director utilizó el mismo texto que leyó Bergé durante el funeral de Yves en 2008, y cuyas imágenes utilizó a su vez el director Pierre Thoretton en 2011 para abrir su documental L’amour fou que trata también sobre la relación de estos dos hombres.

La película de Lespert se pierde en asuntos irrelevantes para la categoría de este gran artista, cuestiones como su homosexualidad, la depresión y el abuso de drogas pasan a un segundo plano cuando son comparados con sus logros y sus geniales ideas.  Aunque está bien que un director quiera concentrarse en un solo aspecto de la vida de un personaje, lo que no se perdona es que no sepa contarlo. No se trata aquí de la calidad de la producción, que de hecho fue impecable, sino las escenas repetidas, redundantes, innecesarias, concentradas por completo en trivialidades como el caso de su relación con la modelo Victoire Doutreleau. El film se queda corto en sus pretensiones, esconde al genio creador, al visionario y eso es ya un crimen.

Me llamó la atención el comentario de un espectador vecino a mi butaca que no conocía nada del diseñador y solo iba por acompañar a su novia quien estudia diseño de modas. Él dijo: “no la disfruté, no supe quién era el tipo, me pareció una historia de un gay, me aburrí muchísimo”. No pude evitar sentirme mal, era la mejor oportunidad para mostrar a este genio. Aunque a decir verdad, al contrario del vecino de silla inconforme, yo sí disfruté la película por sus hermosas imágenes, la opulencia de los detalles en los vestidos y peinados, las texturas y colores y en especial la belleza e interpretación de Pierre Niney como Saint Laurent que posee una presencia que adorna la pantalla, pero lamentablemente con un papel sin la fuerza y el riesgo del original Yves Saint Laurent.

Saint Laurent fue un ícono de la moda y del glamour, un gran protagonista de su época, uno de los modistas más respetados del mundo y un revolucionario en el campo de la moda fuera de todo convencionalismo. Dotado de una sensibilidad y una intuición únicas para identificar los cambios y las tendencias mucho antes que ellas aparecieran.  Fue el primero que convirtió los desfiles en espectáculos. En el año de 1966 abrió en París la primera boutique pret-a-porter (que significa “listo para llevar”). Ninguna casa de alta costura se había atrevido a hacer esto, era casi un sacrilegio, aunque reconocían que debían hacer algo para aumentar sus ganancias. Saint Laurent fue el primer diseñador en exponer sus diseños en un museo, en su caso fue en el Metropolitan de Nueva York. Fue también el primer diseñador que le puso un esmoquin a la mujer, le llamó Le Smoking en el año de 1966 y revolucionó por completo el mundo de la moda y la forma en que se concebía la moda femenina hasta ese momento. Como el mismo lo expresó “hice lo posible porque las mujeres accedieran a un universo que hasta aquel entonces les estaba prohibido, al igual que Chanel yo siempre he aceptado la copia y estoy orgulloso que las mujeres lleven esmoquin”. Aparte de eso su casa de modas fue la primera en utilizar modelos de raza negra en sus desfiles, toda una revolución.

Una vida tan interesante, prolífica y creativa se pierde en encuentros sexuales y depresiones que ocupaban en su momento una sola parte de su vida, pero no eran el centro. Tal vez lo que esperaba encontrar en la película fue lo que el mismo Saint Laurent expresó sobre su vida en 2002 durante su discurso de despedida en el que destacó sus logros sin ocultar nunca sus debilidades y conflictos personales.


“He participado en la transformación de mi época. Yo lo hice a través de las prendas, lo que seguramente es menos importante que el arte, la música, la arquitectura, la pintura y muchas otras artes. Pero sea como fuere, lo hice. He querido ponerme al servicio de las mujeres y he querido acompañarlas en ese momento de liberación. Soy consciente de haber realizado mi trabajo durante todos estos años con rigor y exigencia sin concesiones. Siempre he puesto el respeto a este oficio por encima de todo, oficio que no es completamente un arte pero que precisa de un artista para existir.

Pienso que no he traicionado al adolescente que mostró sus primeros dibujos a Christian Dior con una fe y una convicción inquebrantables, nunca me han abandonado esa fe y esa convicción. He luchado por la elegancia y la belleza. Todo hombre necesita para vivir espíritus estéticos, yo los he perseguido, buscado, hallado, he pasado por muchas angustias e infiernos he conocido el miedo y la terrible soledad, los malos amigos en forma de tranquilizantes y estupefacientes, la prisión de la depresión y la de una casa sin llave. Marcel Proust me enseñó que la magnífica y lamentable familia de los angustiados son la sal de la tierra. He tratado con los fuegos de los que hablaba Rimbaud, me encontré y comprendí que el encuentro más importante de la vida es el encuentro consigo mismo y sin embargo hoy he decidido decir adiós a este oficio que tanto he amado. Y también a esos espíritus estéticos les digo adiós, los conozco desde mi infancia y para reencontrarlos elegí este oficio maravilloso; gracias a ellos he reunido a mi alrededor una familia que me ha ayudado protegido y amado tanto”.

Lespert se preocupó más por la apariencia de sus criaturas y por los decorados y se olvidó por completo de la esencia del personaje. Puso tanto empeño en como lucía Pierre Niney o Guillaume Gallienne que se olvidó que estaba haciendo una biopic del gran Yves Saint Laurent.

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