Nombre: Home: no hay lugar como el hogar
Categorías: Acción, Comedia, Ciencia Ficción, Animación, Aventura, Fantasía, Road movie, Familiar, Basada en una novela gráfica
Director: Tim Johnson
País: Estados Unidos
Año: 2015

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Samuel Castro * *

Home: no hay lugar como el hogar (2015)

Brillos sin significado

Son muchas las lecciones que tenemos que darles a los niños. Que los amigos son muy importantes en la vida. Que no hay que dejar nunca que la sociedad en la que uno vive la lideren estúpidos (esa parece que le faltó reforzarlo a nuestros padres) Que hay que ser valientes y enfrentar los miedos. Que el hogar es ese lugar donde están nuestros afectos. Que no se puede juzgar a los demás a simple vista. Todas esas son verdades que necesitarán aprender tarde o temprano. ¿Pero había necesidad de empaquetarlas apretujadas en una bolsa colorida hasta hacerle perder a cada lección su valor individual? Porque el principal problema de Home es que intenta decir tantas cosas sin ponerle convicción a ninguna, que al final logra atraer más por los colores y por los juegos de palabras que por la trama a su audiencia principal, a quien subestima de maneras inconcebibles en estos tiempos en que las instrucciones de los electrodomésticos deberían decir “es tan fácil que hasta un adulto puede armarlo”.

En un prodigio de concisión, los primeros minutos nos cuentan por qué la raza alienígena de los boov ha decidido invadir un nuevo planeta para vivir. Algunos minutos después descubriremos que la rapidez es totalmente intencional, para que no haya tiempo de preguntarse: ¿y dónde está el planeta en el que vivían?, ¿cómo escaparon los boovs de sus atacantes? Los guionistas evitan que nos interroguemos haciendo que sintamos pena por Oh, el típico desubicado por su emotividad en una raza que supuestamente no tiene sentimientos. Con viejos trucos (¿habrá algo más triste que una fiesta a la que no asista nadie?) nos manipulan para que nos comprometamos con él y con su necesidad de compañía y afecto. Sin embargo, aquello de que Oh sin darse cuenta mande una invitación a la raza enemiga, o que Tip, la humana que lo acompañará en su aventura, haya evitado ser succionada por las máquinas de los boovs sólo porque tenía al gato en su cabeza, no pasa de largo para la mayoría de niños. Saben que son tonterías pero las dejan pasar, enternecidos por los cambios de colores que sufre el cuerpo de Oh según sus emociones, asombrados con el carro que usarán para escapar de sus perseguidores, contentos por la graciosa manera de hablar que tiene el personaje. Le perdonan todo lo malo porque se concentran en lo estético, donde hay hallazgos maravillosos, como la tecnología boov basada en burbujas.

Con ese mismo afán pasa todo en la película. Las cosas se resuelven porque sí (que nunca  es una buena justificación cuando uno es hijo), los personajes cambian de pensamiento más rápido que de expresión, los chantajes emocionales están a la vuelta de la esquina. Y ni siquiera tenemos el consuelo de escuchar la actuación en inglés de Jim Parsons, porque sólo hay versiones dobladas en nuestras salas. Al final la gran lección que deja Home es que se está mejor en el hogar… que en esa sala de cine donde descaradamente nos intentan vender discos de Rihanna. Eso sí, en un estuche que brilla en la oscuridad.

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