Nombre: Whiplash
Categorías: Drama, Musical, Thriller
Director: Damien Chazelle
País: Estados Unidos
Año: 2014

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Samuel Castro * * * *

Whiplash (2014)

Tierra de sombras

Más qué aparecerse, es como si Fletcher hiciera parte de la oscuridad y luego se corporizara frente a Andrew cuando éste se encuentra practicando en uno de los cuartos de estudio de la escuela de música a la que asiste. La escena que sigue, al comienzo de Whiplash, nos revela en pocos minutos lo que veremos con más detalle en el resto de la película: una difícil, tensa, y a veces sádica relación entre un profesor impetuoso y volcánico que no admite de sus alumnos nada más que el cumplimiento absoluto de su voluntad y un joven baterista que sueña con hacer parte del panteón de músicos legendarios, semidioses casi, que el jazz ha producido desde su nacimiento.

Pero Whiplash es mucho más que eso. En su engañosa sencillez, producto de un guión al que no le falta nada y que intencionalmente nos oculta casi toda intimidad de la vida de sus personajes principales, el estupendo proyecto de Damien Chazelle nos pone al frente uno de esos dilemas en los que preferimos no pensar para no complicarnos la vida: ¿qué implica la excelencia? ¿A qué deben renunciar aquellos que tienen como objetivo pasar a la historia de las disciplinas que han escogido? Porque como lo recordará Andrew en una escena clave de la película, cuando dice que preferiría morir borracho y quebrado a los 34, como Charlie Parker, si logra que las personas hablen para siempre de él, en lugar de morir millonario a los 90 sin que nadie lo recuerde, la inmortalidad no siempre es un asunto de dinero o poder. En actividades como la música o el deporte, la grandeza sólo puede lograrse con un talento enorme combinado con una disciplina de entrenamiento que podemos no comprender aquellos que transitamos otros caminos.

Por eso cuando camina por las calles de una New York humeante, oscura y azulada, la mirada de Andrew es la de un fanático, un hombre que ha vendido su alma a ese Mefistófeles cruelmente encantador, odioso y atractivo al mismo tiempo, que encarna con soltura J.K. Simmons. Cada uno de los movimientos de sus manos cuando dirige al ensamble de jazz que tiene a cargo en la escuela, su forma de azotar las puertas, su posición corporal para gritarle a Andrew, pero sobre todo, sus miradas a lo largo de la cinta, que van del desprecio y la sorna hasta el orgullo por ese alumno que lo asombra, hace parte de una composición actoral perfecta, justamente premiada con el Óscar. Verlo es temerle.

Gracias a Simmons y a las chispas que se producen entre él y Miles Teller, admirable también en su compromiso con el personaje (intenten ver uno de sus solos de batería y no asombrarse), a una banda sonora soberbia y a una edición que pinta las escenas de música  con la intensidad de una batalla, Whiplash es una descarga emocional para el espectador, que nunca está seguro de si la consagración sangrante de Andrew es una locura o es simplemente la necesidad de abrazar la oscuridad, que aquí usa camiseta negra ajustada, para perder todo temor y poder, al final, producir luz.

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