Nombre: El abrazo partido
Categorías: Comedia, Comedia dramática
Director: Daniel Burman
País: Argentina
Año: 2004

Otras reseñas para esta película

Juan Carlos Gonzalez Arroyave * * * ½
Mauricio Reina * * * ½

El abrazo partido (2004)

Un abrazo a tiempo

¡Que bueno saber que existe en Latinoamérica una filmografía tan vital y tan estructurada como la Argentina! Varias veces en esta columna hemos ponderado las virtudes de este cine y, aunque seguimos sin ver en la ciudad obras fundamentales de este nuevo cine rioplatense, siempre constituye una buena noticia el estreno -así sea tímido- de una nueva película de ese país que tanto apreciamos.

Lo más parecido al sitio donde se escenifica El abrazo partido (2003), es uno de nuestros céntricos pasajes comerciales. Allá se le denomina como galería, pero es lo mismo: un microcosmos popular habitado por seres sencillos que día a día se labran un futuro, que se antoja difícil, con el fruto de su trabajo honesto. A ese grupo humano se acercó el director bonaerense Daniel Burman en este, su cuarto largometraje, con enorme respeto y con un indudable cariño, para lograr así un retrato contado con gusto, con humor y, claro, con un dejo de nostalgia. Que diferencia esta aproximación noble, comparada con las cosas absurdas que promueve nuestro inefable libretista Dago García y sus comedias ramplonas que no hacen sino ridiculizar lo que somos. Se necesita sensibilidad para poder acercarse con propiedad a estas temáticas sobre lo popular y evitar caer en la caricatura  que parece estamos condenados a tener que padecer cada vez que García estrena un nuevo filme.

Aunque en primera instancia parece que en El abrazo partido estamos ante una película  coral, en realidad hay un protagonista claro, Ariel Makaroff (Daniel Hendler, ganador del premio al mejor actor en Berlín), un joven judío lleno de dudas sobre su pasado, su presente y su futuro. Abandonado por su padre desde niño, jamás ha superado esa pérdida y ante la crisis de identidad en la que se encuentra, inicia los trámites para conseguir la ciudadanía polaca, que es la de sus abuelos, y poder irse a vivir a Europa, en la que augura un mejor porvenir.

Ariel no ve clara la situación en Argentina, todos los caminos parecen cerrados y los que están abiertos no le satisfacen. Atender la mercería familiar no es lo que desea, involucrarse en los negocios dudosos de su hermano tampoco lo deja en paz. Sin un norte claro decide romper con todo, hacerse polaco y marcharse.  El hecho de ser judío le sirve para iluminar con ironía y humor el relato de sus desventuras que el propio Ariel cuenta en primera persona. La idiosincrasia local sirve también para efectos cómicos, pero siempre con la distancia y la prudencia necesarias para evitar las situaciones grotescas que vemos con frecuencia en el cine colombiano.

El inesperado reencuentro con Elías, su padre, le sirve para cerrar lentamente sus heridas y para darle a su patria otra oportunidad. Aunque volver a verlo le duele y lo estremece, es sin embargo lo que necesitaba para recuperar el equilibrio perdido. Más vale un abrazo a tiempo, así sea a medias.

Con esta película admirable, Daniel Burman nos da una lección de cine. Si es posible verse, si es posible tener una imagen propia. Sólo hace falta una mirada sensible y vital. ¿Carecemos de ella? Claro que no, por supuesto que no.

Publicado en la columna Séptimo arte del periódico El Tiempo (edición Medellín). 29/10/04 pág 2-2. © Casa Editorial El Tiempo- Todos los derechos reservados.

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