Nombre: El gran cuaderno
Categorías: Drama, Guerra, Basado en una novela, Horror, De época
Director: János Szász
País: Hungria
Año: 2013

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Samuel Castro * ½

El gran cuaderno (2013)

Crueldad innecesaria

Suele tendernos trampas nuestra educación. Por una tradición de culpas y relatos épicos que aprendimos de niños, sin que nadie nos lo diga tendemos a creer que las películas dramáticas son más “importantes” que las comedias (en el mundo en que vivimos debería ser al revés) o que si una película ocurre en determinado momento histórico, debemos apreciarla con algo parecido al respeto, como un tomo de una vieja enciclopedia que hay que cuidar. “El gran cuaderno” es un ejemplo de esa trampa de nuestra mente. Cuando terminamos de verla, tendemos a creer que es una película mejor de lo que —si decantamos las sensaciones inmediatas un par de horas—, nuestro sentido común nos revelará. 

Porque claro, cómo dudar de la calidad de una película que tiene todo para ser “respetable”. Está escenificada en la Segunda Guerra Mundial, está basada en una exitosa novela y sus personajes principales son niños. Un par de gemelos que son llevados al campo por sus padres (¿por qué?, nunca son claras las motivaciones de este traslado) para que convivan con una abuela a quien todos en las cercanías conocen como “la bruja”. Solos, con una señora que los maltrata con violencia, los dos hermanos intentarán seguir las recomendaciones que recibieron: aguantar, continuar con su educación leyendo la Biblia, anotar todo lo que les pasa en el cuaderno que les regaló su papá (de ahí el título de la cinta) Veremos cómo lentamente la guerra se les va metiendo en el alma, convirtiéndose con el paso de los minutos, en dos seres terribles, despiadados.

Pero lo que ocurre para que eso suceda se siente demasiado premeditado. No es que los niños de la época no hayan tenido que vivir historias parecidas. Incluso hoy en nuestro país, los niños que han crecido en medio del conflicto seguramente también han agotado su inocencia. El problema es que cada suceso está ahí porque al guionista le dio la gana, no porque se sienta real. ¿Un oficial nazi que vive en la finca de al lado, pero al que nunca vemos al mando de una tropa? ¿Y además es pedófilo? ¿Y para completar tiene un subalterno que es su amante y se pone celoso de la atención que le presta a los niños? ¡Por favor! O un soldado salido de ninguna parte, que muere de frío y casualmente les permite a los niños conseguir las armas con que impartirán justicia unas secuencias después.

Tal vez la intención de la novela original y de la película era contar una parábola y por eso los personajes no tienen nombres propios, como ocurre con los relatos universales. Una parábola sobre los daños que causa la guerra en personas distintas a los combatientes. Pero sin sutileza, usando recursos impostados (como ese acorde de película de terror que se oye durante toda la película), El gran cuaderno, más que un cuento con moraleja, es un panfleto subrayado, al que ni siquiera el cuidadoso trabajo gráfico que muestra la escritura de los niños en sus páginas o las actuaciones protagónicas, logran salvar de la estridencia.

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