Nombre: Los sabores del amor
Categorías: Drama, Romance, Comedia dramática
Director: Ritesh Batra
País: India
Año: 2013

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Samuel Castro * * *

Los sabores del amor (2013)

Melancolía de otras tierras

A veces, cuando nos muestra realidades que no conocemos, la pantalla del cine se convierte en una ventana por la que vale la pena asomarse. Es lo que ocurre con Los sabores del amor, una de las poquísimas películas de la India que ha llegado a nuestras salas en los últimos años, algo incomprensible si pensamos que India produce más cintas que Hollywood.

Ver a Ila, el personaje principal femenino, empacar la lonchera de su esposo para enviársela al trabajo luego de pasar la mañana cocinando y después acompañar el paquete con la comida a través de kilómetros, apreciando los mecanismos del dabbawala, ese servicio creado por los colonizadores ingleses que actualmente se encarga de llevar cada día más de 175.000 almuerzos a los oficinistas de Bombay, es una experiencia que vale la pena por sí sola. Ritesh Batra, el director y guionista, toma este hecho real para encontrar la anécdota que le da vida su historia: una equivocación, algo prácticamente imposible en el sistema (es cierto cuando dicen en la película que gente de Harvard ha ido a analizarlo) conecta a Ila, un ama de casa joven y bonita, que pasa por un momento difícil en su matrimonio, con el señor Fernandes, un contador taciturno y de pocas palabras, que encontrará en ese menú que empezará a llegar a sus manos por casualidad, una razón para sonreír.

Si hay una situación incómoda, es entrar a  ver una película por las razones equivocadas. No asistan a Los sabores del amor creyendo que es una comedia romántica, como lo hacen pensar ciertas piezas publicitarias. Esto es un drama, un drama con algunos momentos que generan sonrisas, como la interacción entre el señor Fernandez y Shaikh, el joven empleado que ha sido seleccionado para reemplazarlo, o las conversaciones a gritos entre Ila y su tía, que vive en el piso de arriba y es feliz dándole consejos. Pero esas sonrisas no son suficientes para construir comedia. Batra desea relatarnos carta a carta, que podemos leer gracias a la voz en off de quien la escribe, (un recurso manejado con creatividad porque en ocasiones la voz es interrumpida por lo que pasa junto al lector o se cruza temáticamente con momentos posteriores a la lectura), la manera en que dos personas llegan a interesarse el uno por el otro, con una concepción totalmente romántica del amor, pues Batra nos dice que es posible que éste surja sin que haya atracción física, sólo con el intercambio de ideas.

Y mientras el romance crece nosotros asistimos, casi sin darnos cuenta, a una lección básica de cómo se vive en la India. Vemos al señor Fernandes tomar el tren o soportar tacos y aglomeraciones en los buses, a los niños que viven junto a su casa jugar críquet, a Ila lidiando con la enfermedad de su padre, a Shaikh casándose. Todo ocurre sin que se sienta forzado y la película fluye, sin mucha más ayuda que las palabras que se escribe esta pareja, con la placidez de la cotidianidad y la melancolía de lo que no puede ser. Como esas cartas que nunca llegan a su destinatario.

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