Nombre: La aldea
Categorías: Drama, Suspenso, Fantasía, Misterio
Director: M. Night Shyamalan
País: Estados Unidos
Año: 2004

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Andres Borda Gonzalez * ½

La aldea (2004)

M. Night Shyamalan dirige esta película de suspenso y terror que intenta recrear, de manera equívoca y pretenciosa, la fábula de Caperucita roja, añadiéndole a ésta algunas referencias religiosas y con intenciones claramente adoctrinadoras y moralistas. La historia tiene lugar en una pequeña aldea semi-medieval muy religiosa que se encuentra rodeada por un bosque habitado por una especie de gnomos aterradores. Los humanos, sin embargo, tienen un pacto con los monstruos: si nadie traspasa las fronteras de los dos territorios no hay problemas. Las enfermedades y accidentes que ocurren en el lugar, sin embargo, empujan a Lucius Hunt a pensar en cruzar el temido bosque para conseguir medicinas en el pueblo más cercano.

Pero la historia está contada de una forma tan desorganizada y poco clara que, antes de que sepamos quiénes son los personajes principales, ya han pasado más de veinte minutos. La cámara va detrás de todos ellos y, al mismo tiempo, de ninguno, sin darnos tiempo para entender o si quiera reconocer a nadie. Ante tanta confusión narrativa sentimos que lo que el director quiere hacer es distanciarnos de la película e invitarnos a pensar en ella, y hacernos comprender que, en este caso, de pronto lo importante no es comprometernos emocionalmente con los personajes. Pero cuando hemos hecho esto, cuando hemos entendido que estamos ante un relato pseudo-fantástico que reflexiona de la forma más obvia y ridícula posible sobre la inocencia, la sexualidad y la naturaleza de la religión, Shyamalan comienza a contar su historia como si de verdad creyera que estamos interesados en ella, con giros narrativos tramposos y ridículos, y con un sentimentalismo del que dan ganas de reírse.

La aldea nos da la triste sensación de que Shyamalan ha perdido la lucidez con la que nos contó El sexto sentido, y que ahora solo le quedan sus brillantes e innegables ideas visuales y sus conflictos religiosos (ya expuestos previamente y de manera mucho más satisfactoria en Señales). Hay, sin embargo, que verla, pues de cualquier forma resulta un trabajo interesante de un director sin duda inteligente.  

 

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