Nombre: Ida
Categorías: Drama, Guerra, Road movie, De época
Director: Pawel Pawlikowski
País: Polonia
Año: 2013

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Samuel Castro * * * *

Ida (2013)

Oraciones para gente sin fe

Es raro ver una obra maestra. El cinéfilo informado sabe que todavía se hace buen cine, a pesar de lo que digan los pesimistas de siempre, que desean que el canon cinematográfico sea una lista inamovible, escrita en una lengua muerta. Pero tendemos a buscarle peras al olmo y encontrarle defectos a las películas que nos gustan mucho, porque no se supone que uno vaya a una sala con butacas reclinables a ver cintas que deberían convertirse en clásicos inmortales. No es lo lógico. Sin embargo, con la presencia de “Ida” en nuestras carteleras, estamos ante una de esas raras ocasiones en que la palabra magistral no suena a exageración.

Ida no es aquí, como podríamos pensar quienes hablamos español, la descripción de un viaje, sino un nombre. El nombre que Anna, la novicia a la que acompañamos desde el comienzo en sus quehaceres conventuales, no sabe que tiene, pero que descubrirá gracias a la orden que le da la madre superiora de visitar a su única pariente viva, una tía que la joven tampoco conocía y que es todo lo que ella no. Si Anna es ingenua, su tía Wanda está cansada del mundo, porque ha visto demasiado. Si Anna es una casta virgen, Wanda mantiene encuentros casuales con hombres que conoce en bares, para intentar superar el hastío. Cuando se encuentran, Anna descubre que es una contradicción en sí misma, un oxímoron ambulante. Anna es una monja judía.

Ida se desarrolla en 1962, en una Polonia solitaria y fría, que se ve hermosamente triste y melancólica gracias a la fotografía en blanco y negro de Ryszard Lenczewski y Lukasz Zal, que hacen de cada encuadre una obra de arte. Con el formato cuadrado que se hubiera usado si la película se hubiera filmado hace 50 años, y prefiriendo ubicar los rostros de los personajes en la parte inferior del plano, como si necesitaran ese espacio que se usaba para las aureolas en las pinturas de santos y ángeles, Ida es, también, un canto a la nostalgia y a los recuerdos de infancia de su director, Pawel Pawlikowski, quien se hizo un nombre como documentalista en la televisión británica antes de animarse con la ficción y que, tal vez por eso, logra retratar, más que la situación política, el espíritu de Polonia en un momento determinado de su historia.

Pawlikowski toma a Agata Trzebuchowska, una actriz nueva (otra forma del noviciado) y a Agata Kulesza, una intérprete experimentada, y convierte su interacción en un maravilla de diálogos punzantes (“Tu Jesús adora a gente como yo”, dice la tía a Ida) y gestos conmovedores, gestos  de viajeros cansados que ya no quieren avanzar más, ni bajar la escalera, ni asomarse por la ventana. Porque como cuenta uno de los poquísimos personajes secundarios, un saxofonista que recogerán en la carretera: llega un momento en que lo único que queda es “el fastidio de siempre. La vida”. Una carga con la que algunos pueden y otros no. Un futuro que hay que enfrentar con valentía, avanzando decididos y a paso firme, como en el último plano de “Ida”, por un camino que no tiene vuelta atrás.

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