Nombre: Días de vinilo
Categorías: Comedia, Comedia romántica, Romance, Familiar
Director: Gabriel Nesci
País: Argentina
Año: 2012

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Samuel Castro * * *

Días de vinilo (2012)

Casi un hit

Acostumbrados como estamos a que las pocas comedias habladas en español en nuestras carteleras sean evidentes atropellos a la inteligencia del espectador como Mi gente linda, mi gente bella o El paseo, es refrescante un título como Días de vinilo. No sólo porque le hace bien a nuestras neuronas escuchar por fin en nuestro idioma chistes inteligentes, ironías sutiles, juegos de palabras que no tienen que recurrir a lo escatológico o a lo ofensivo para causar gracia, sino porque la trama de la película es lo suficientemente universal como para que todos (especialmente los hombres mayores de treinta años) encontremos en ella elementos con los cuales identificarnos y conmovernos.

Damián, Luciano, Marcelo y Facundo son cuatro amigos que crecieron en el mismo barrio y que tienen en común su amor a la música, causado, según la historia, por una caja de discos de vinilo que les cayó del cielo (como toda la buena música, que parece un regalo de los dioses) cuando todavía eran niños. A pesar de que los cuatro desarrollaron personalidades muy distintas, cada uno conserva un vínculo con las notas: el uno compone canciones para homenajear a los muertos en la funeraria donde trabaja, el otro tiene una banda-homenaje a los Beatles, el de más allá es locutor en una emisora y Damián, el personaje principal, sufre de dismelodía, un trastorno (ojalá inventado) que le impide reconocer cualquier tono musical. El hecho de que Facundo esté a punto de casarse es el disparador de una serie de tramas donde el tema es el mismo: la incapacidad masculina de madurar, el encanto por seguir siendo una especie de adolescentes confundidos, incapaces siquiera de olvidar a mujeres que los abandonaron años antes.

Gabriel Nesci, el director y guionista, acierta en muchos aspectos. A pesar de una narración audiovisual más bien televisiva, entiende que su fuerte son los diálogos y permite que las escenas en que sus actores hablan, expriman toda la gracia de cada situación (las secuencias con Leonardo Sbaraglia haciendo de sí mismo, son impagables). Gracias a un elenco sólido y capaz, le creemos a los giros de la historia: comprendemos a Facundo cuando se siente “atrapado”, nos enternecemos con Luciano y su tendencia a la hipocondría, reconocemos en Marcelo los sueños truncados de fama que algunos todavía guardan en el corazón. Y hasta aceptamos algunos traspiés de la trama, como la fallida e innecesaria correría de Damián buscando las hojas de la copia de su guión de cine por Buenos Aires.

Hay muchas cosas que podrían haber sido mejores en Días de vinilo, por supuesto. Tal vez algo de tijera y menos palabras en la presentación de los personajes, un poco más de complejidad para los personajes femeninos, un mejor casting que nos evitara a la preciosa colombiana de ascendencia oriental que no sabe actuar. Pero el conjunto pasa la prueba. Como esas canciones hiperproducidas y de arreglos excesivos que, sin embargo, logran que nos encontremos en algún momento tarareando su melodía.

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