Nombre: La vida acuática de Steve Zissou
Categorías: Drama, Comedia, Aventura, Fantasía, Comedia dramática
Director: Wes Anderson
País: Estados Unidos
Año: 2004

Otras reseñas para esta película

Andres Borda Gonzalez * * * *

La vida acuática de Steve Zissou (2004)

La vida acuática de Steve Zissou nos deja, hacia el final, como todos los trabajos anteriores de Wes Anderson, felicidad, alegría, ganas de salir corriendo al baño más cercano y ponernos a llorar. Su director nos advierte, como Jean Renoir, que sus películas no son comedias ni tragedias, sino una mezcla extraña de ambos géneros. Y es cierto: aunque no podamos parar de reírnos con su absurdo humor y con sus personajes impensables, sentimos que, en el fondo, todos los protagonistas de sus historias están forzados a luchar contra una gran tragedia, a llevar tras sus espaldas un terrible pasado que está determinando, de una u otra manera, sus destinos. En este caso se trata del capitán y oceanógrafo Steve Zissou, un hombre que se ha impuesto la misión de vengar la muerte de su colaborador y amigo de toda la vida matando al tiburón que, durante el rodaje de uno de sus famosos documentales, devoró a su compañero.

Y para quienes hemos visto sus anteriores trabajos una y otra vez, para quienes sabemos de memoria las escenas de Rushmore, de Bottle rocket y de Los excéntricos Tenenbaum, nos resulta, a veces, difícil seguir el ritmo lento con el que Wes Anderson ha decidido comenzar a contarnos su nueva película. El resultado final, sin embargo, parece indicarnos que no se trata de un error, de una señal de que Wes Anderson se ha quedado sin ideas. Es, más bien, una obra más madura, más difícil. Puede ser que La vida acuática sea un poco menos chistosa, menos jovial que Rushmore o Bottle Rocket, pero es, al mismo tiempo, más directa y conmovedora que sus otros trabajos. En Los excéntricos Tenenbaum perdonábamos los lugares comunes y los clichés en los que caía porque, desde el comienzo, la misma historia nos había impuesto una extraña alegría que nos obligaba a perdonar cualquier fallo narrativo; aquí, al contrario, descubrimos su valor un poco después de la mitad, y las conmovedoras secuencias finales nos fuerzan a aceptar el difícil y, de pronto, torpe comienzo de la película.

Todo esto es para decir que, sin importar cuánto se equivoque o cuántos errores cometa a lo largo de la construcción de su pequeño y mágico universo (aquí vemos, con la ayuda de unas animaciones increíbles, toda una nueva forma de vida marina), Wes Anderson logra imprimir en sus trabajos un sello único, una especie de alma que le da, de alguna forma, una vida propia a cada una de sus películas. La mayoría de los críticos norteamericanos la criticaron, la acabaron, y aquí en Bogotá, en Colombia, sólo la están dando en seis teatros. Pero eso no tiene ninguna importancia. Esta es una película llena de vida, inteligente, que se puede dar el lujo de no ser una construcción perfecta: y no la necesita, porque sus personajes, su historia, sus imágenes, son suficientes para sostenerla. 

 

Comentarios

Para comentar usted debe estar estar registrado, ingresar ó registrarse.