Nombre: De tal padre, tal hijo
Categorías: Drama
Director: Hirokazu Koreeda
País: Jap
Año: 2013

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Samuel Castro * * * *

De tal padre, tal hijo (2013)

El arte de la paternidad

En una de las muchas escenas reveladoras y memorables que tiene De tal padre, tal hijo, golpean al protagonista en la cabeza. Pero no es un golpe violento, que busque lastimar. Es la palmada suave, casi de comedia, que recibe el personaje por hacer una propuesta que todos a su alrededor, incluyendo nosotros en nuestra silla de espectadores, sabemos que es una grosería. ¿Cómo se le ocurre proponerle a una familia que le dé a uno de sus hijos con el argumento de que hay que pensar en su futuro? La madre, le replica indignada: “¿Es que con nosotros no lo tiene?”. El padre, enojado con toda razón, le recuerda que “hay muchas cosas que no se compran con dinero”.

Llegamos a ese punto, casi en la mitad de la cinta, sin que nos demos cuenta de que ha pasado una hora, gracias al excelente guión que escribe el mismo director de la película, el japonés Hirokazu Koreeda, y a un trabajo impecable en la edición, que nos lleva de un lado a otro de la historia como si fuera lo más natural del mundo. La descripción cuidadosa de los personajes, que son retratados a través de escenas sutiles y diálogos que jamás se sienten postizos, el cuidado para lograr que los espacios también nos transmitan las personalidades de quienes viven en ellos, la bellísima música, permiten evadir el melodrama ramplón, que habría sido el camino más fácil ante la premisa inicial: a Ryota Nonomiya, un acomodado ejecutivo de una empresa, le comunican que el niño que ha criado por seis años no es su hijo biológico, pues fue intercambiado en el hospital por el hijo de otra pareja.

Impresiona desde el comienzo la reacción de Ryota. Es como si ese suceso fuera la explicación que necesitaba para comprender por qué su hijo Keita no es tan alto como él, ni tan competitivo como él, ni tan inflexible. ¡Es la genética!, piensa el tipo. Pero cuando conocemos a la familia Saiki, prácticamente opuesta en todos los sentidos posibles a la familia Nonomiya (son pobres, tienen tres hijos, manejan un negocito en un local adjunto a su vivienda) y los vemos interactuar, entendemos que no estamos ante una telenovela mexicana con actores de ojos rasgados. Koreeda nos propone un drama donde los personajes son humanos; ni buenos ni malos por completo. El líder de la familia Saiki, por ejemplo, es el tipo que quiere sacarle al hospital que se equivocó todo el dinero que pueda, pero también es el papá cariñoso que juega y se ríe con sus hijos en la bañera. Ryota se comporta de forma cruel a veces, pero entendemos mejor su proceder cuando descubrimos cómo lo trataba a él su padre y vemos la presión social que ejerce sobre sus decisiones y su familia, la empresa en la que trabaja.

De tal padre, tal hijo logra reflexionar profundamente, desde muchos ángulos, sobre lo que significa ser padre, golpeándonos el alma. Pero no con golpes violentos, que nos lastimen. Lo hace con los golpes cariñosos que nos da el cine cuando logra, más que contar una historia, escribir un poema. Una oda al padre, en este caso.

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