Nombre: Kon-Tiki
Categorías: Drama, Basado en hechos reales, Road movie, Biográfica, Histórica, Basada en un libro de no ficción
Director: Joachim Rønning, Espen Sandberg
País: Noruega
Año: 2013

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Samuel Castro * * ½

Kon-Tiki (2013)

Problemas del mar en calma

Aunque haya héroes de todo tipo, como el policía de tránsito que se enfrenta a la furia de los conductores, o el científico que tras años de investigación desarrolla una vacuna, el héroe cinematográfico necesita mostrar hazañas para ganarse su título. Al cine no le sienta un heroísmo estático o de escritorio. Por eso a primera vista parece tan atractiva la historia de Thor Heyerdahl, el biólogo y explorador noruego que a finales de los años cuarenta quiso probar que era posible que los primeros habitantes de la Polinesia hayan provenido de América y no de Asia, como se creía hasta ese momento, viajando él mismo desde Perú hasta las islas usando una balsa construida con las técnicas que para entonces habrían tenido los indígenas.

El viaje de Thor fue muy famoso en todo el mundo, pues el noruego aparte de escribir un libro sobre su travesía que se convirtió en best seller, ganó el Óscar a mejor documental en 1951, editando las grabaciones que se realizaron durante el viaje. Era lógico entonces que los realizadores Joachim Rønning y Espen Sandberg, ambos noruegos, asumieran la historia de uno de sus héroes nacionales. Sin embargo, después de ver Kon-Tiki se entiende por qué siendo una historia tan conocida en Estados Unidos, Hollywood no se había animado antes a adaptarla: porque nada interesante les pasó a Thor y a su tripulación durante el recorrido.

Son tan conscientes del problema Petter Skavlan y Allan Scott, quienes firman el guión, que intentan introducir en la historia elementos que le den algo más de fuerza dramática a los personajes. Por eso se demoran más de 35 minutos en llegar a la narración de la travesía oceánica, tratando sin éxito de que nos interesemos en la relación conyugal de Thor (cuya vida anterior en los flashbacks que nos presentan luce más “aventurera” que la propia expedición) o en el conflicto interno del segundo de abordo, Herman Watzinger, a quien dibujan como un cobarde que deberá encontrar en el recorrido su propia valentía. Hasta meten algún conflicto con tiburones en la trama. Sin embargo, el guión es incapaz de mostrarnos las pulsiones íntimas del héroe, lo que de verdad hacía de Thor un personaje único. Cuando acabe la película, no sabremos más de él que cuando empezamos.

A pesar de estas debilidades Kon-Tiki tiene suficientes méritos para haber sido nominada al Óscar a película extranjera de este año. El diseño de producción, que incluye recreaciones de New York y Perú en los cuarenta es impecable; la fotografía, la mayor cualidad de la cinta, nos muestra el océano de forma espléndida, con algunas tomas fantásticas en que vemos al mismo tiempo lo que ocurre sobre y bajo el agua. La música, algo exagerada en su intención de provocar emociones, tiene un par de momentos muy interesantes.

Puede que la aventura que nos presenta Kon-Tiki no sea tan trepidante como quisiéramos. Pero siempre será agradable ver a un héroe real que lucha por su sueño. Para librar batallas imposibles ya tenemos al otro Thor.

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