Nombre: Los amantes pasajeros
Categorías: Comedia, Musical
Director: Pedro Almodóvar
País: Espa
Año: 2013

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Samuel Castro * ½

Los amantes pasajeros (2013)

Nostalgia a destiempo

Aunque tenga uno de los títulos más bellos del cine de Pedro Almodóvar, Los amantes pasajeros sufre de problemas desde el comienzo. El vuelo que narra, también. Por estar hablando de su próximo hijo, dos integrantes del equipo de mecánicos en tierra (Antonio Banderas y Penélope Cruz en un cameo inútil y poco divertido, como casi todo en esta película) dejan una de las guardas de amarre puestas, lo que impide que un tren de aterrizaje del avión que viaja a México funcione correctamente.

Ante la situación, que obligará a cancelar el itinerario y aterrizar de emergencia en la primera pista disponible que aparezca, la tripulación ha decidido “dormir” con algunos medicamentos a los pasajeros de clase económica para evitar reclamos y lidiar únicamente con los viajeros de clase ejecutiva: una vidente, unos jóvenes recién casados, un banquero corrupto, una prostituta de lujo y un mexicano experto en seguridad. Como tampoco funcionan los teléfonos ni el sistema de entretenimiento en la aeronave, los sobrecargos (Javier Cámara, Raúl Arévalo y Carlos Areces, lo mejor de la cinta con sus caracterizaciones y con una divertidísima coreografía de “I’m so excited” de las Pointer Sisters) deberán apelar a todo tipo de estrategias y entablar todas las conversaciones que puedan, para distraer a las personas a su cargo.

Almodóvar, uno de los grandes autores del cine contemporáneo, que le dio un estatus que no tenía al melodrama gracias a películas como Carne trémula o la magistral Todo sobre mi madre, parece dedicado desde hace algún tiempo a distintos ejercicios de la nostalgia. Si Volver era un homenaje a las mujeres de su vida, y Los abrazos rotos junto con La piel que habito su forma particular de recordar las estéticas y los géneros cinematográficos que más le han influido, Los amantes pasajeros es el intento, no digamos patético pero sí anacrónico, de volver a hacer la comedia de enredos fresca y enérgica que lo convirtió en los años ochenta, en la figura emblemática del “destape” español. Pero ni el destape y la sexualidad manifiesta son ya tan contestatarios como en ese entonces, ni él es el ese joven director, ingenuo y espontáneo de aquellos días. Y como la espontaneidad no se puede fingir, todo en Los amantes pasajeros se ve impostado, puesto a las malas para que quepa.

Las distintas subtramas aparecen en retazos que nunca logran tejer un vestido que sirva; los diálogos, aunque conservan ese tono teatral que tan bien maneja Almodóvar, ni tienen relevancia para la historia ni emocionan; los personajes parecen estar todo el tiempo en la búsqueda desesperada de un autor que los oriente y las situaciones tienen el problema de los paseos aburridos: suenan más interesantes contados que en pantalla.

Seguramente Pedro Almodóvar volverá alguna vez a acercarnos a la belleza de ese universo desgarrador y colorido que ha sabido construir durante su carrera, pero no será en este viaje, que no llega nunca a buen puerto.

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