Nombre: Blancanieves
Categorías: Drama, Suspenso, Misterio, Histórica, Crimen, De época, Basada en un cuento
Director: Pablo Berger
País: Espa
Año: 2012

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Samuel Castro * * * *

Blancanieves (2012)

Hasta la empuñadura

“Mierda, mierda, mierda”. Fue lo que gritó Pablo Berger, el director de Blancanieves cuando se enteró de que en el Festival de Cannes de 2011 habían estrenado una película como la que él llevaba años preparando: en blanco y negro, de época y muda. Aquella cinta era El artista, que terminaría llevándose el Óscar a mejor película en 2012 y lo que en un principio fue una tragedia, se convirtió en una suerte, pues probablemente sin la repercusión de la cinta francesa, Blancanieves no hubiera llegado jamás a nuestras salas y habría sido imposible que el público colombiano pudiera disfrutar de esta hermosa experiencia musical, narrativa y cinematográfica.

Blancanieves, el famoso cuento de los hermanos Grimm, se convierte, gracias a la creatividad de Berger, en un drama intenso y memorable, tan español como universal. Aquí no hay princesas ni castillos. El rey es el exitoso torero Antonio Villalta, que en una trágica tarde de corrida pierde a su esposa y queda inválido, sin ganas de conocer a su hija, Carmencita, que crecerá bajo el cuidado de su abuela. Pero la pobre niña deberá ir a vivir a la mansión de su padre, convertido sin querer en una víctima más de Encarna, la cruel madrastra que construye con deleite y alevosía, Maribel Verdú. Como ocurre en la historia infantil, llegará el momento en que Carmencita se interne en el bosque y luego de que intenten matarla, despertará en la casa de unos enanos —esta vez no son mineros sino toreros— que la adoptarán como parte de su familia rodante.

Aunque compartan hasta el antiguo formato cuadrado de imagen, El artista y Blancanieves son dos películas muy distintas. Si la primera era un homenaje nostálgico al cine mudo norteamericano, en Blancanieves lo que hay es un objetivo: la intención de Berger de disfrutar de unas condiciones autoimpuestas. Él realmente quería hacer una película donde el público no necesitara diálogos para comprender, donde la ausencia de color se convierte en geometría pura a través de planos de belleza absoluta (miren la faena en el centro del ruedo mientras la cámara abarca todo lo que puede de la plaza, no se pierdan la sombra de Carmencita cuando baila); una película donde la banda sonora fuera un protagonista más y la edición fuera tan intensa como lo era ya, justo antes de que llegara el sonido al séptimo arte.

Berger no ahorra riesgos ni siquiera en el reparto. Trabaja con una niña que jamás había estado frente a una cámara (Sofía Oria) y con una actriz que sólo había hecho televisión como Macarena García, y en ambos casos acierta. Las dos, con sus miradas, logran dar el contrapeso necesario a la potentísima presencia de la madrastra, cuyos trajes son la muestra perfecta de cómo el vestuario puede expresar la evolución de un personaje. Al final la faena del autor es redonda. En el momento del desenlace clava la espada hasta la empuñadura, mostrándonos que “estar juntos para siempre” no necesariamente es un final feliz. Y que en blanco y negro, las lágrimas brillan más.

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