Nombre: La parte de los ángeles
Categorías: Drama, Comedia dramática, Road movie
Director: Ken Loach
País: Reino Unido
Año: 2012

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Samuel Castro * * *

La parte de los ángeles (2012)

Principios eternos en forma de cuento

Ken Loach, el director de La parte de los ángeles ha sido siempre un hombre de principios. Ver cualquiera de sus películas (premiadas en múltiples festivales alrededor del mundo) es acercarse a un cine con conciencia social y política, un cine donde sus personajes se meten en problemas debido al tiempo en el que viven, el lugar en el que nacen o la raza a la que pertenecen. Su filmografía, que se extiende por casi cinco décadas, es una de las más coherentes que uno puede encontrar en el cine contemporáneo, pues siempre se pone del lado del oprimido, ya sea éste un inmigrante, una mujer, un niño o un país.

A primera vista la trama de La parte de los ángeles parece alejada de ese cine con conciencia social que distingue a Loach. Robbie, el personaje principal, acaba de ser condenado a varias semanas de servicio comunitario como castigo por una riña en la que dejó muy mal herido a otra persona que no hizo nada para provocarlo (el careo entre Robbie y la familia de su víctima es probablemente la escena más emotiva de la cinta). En esas horas de servicio, conocerá a otros muchachos a los que cualquiera les auguraría poco futuro y encontrará a Harry, el buen hombre encargado de supervisar sus labores, que le contagia a Robbie una pasión: el whisky.

A partir de ese momento, el director y su guionista, Paul Laverty, deciden contarnos a su manera, un cuento de hadas. Aquí no hay una cenicienta que se pondrá una zapatilla de cristal, pero sí un muchacho que ante la llegada de su hijo al mundo decide cambiar de vida y olvidarse para siempre de la violencia y de sus andanzas con pandillas. No hay un hada madrina, pero sí un hombre que se encariña con Robbie y comparte con él su afición y sus contactos, para descubrir que ese muchacho sin futuro, tiene un talento que nadie había imaginado: un paladar privilegiado, casi como el de un catador de whisky profesional. No hay siete enanitos que canten saliendo de la mina, pero sí tres compañeros de andanzas, a cuál más torpe y desubicado socialmente, que serán perfectos compañeros en las aventuras de nuestro protagonista, quien con su ingenio intentará llevar a cabo un plan que le permita cambiar de vida.

Una mirada más profunda nos revela que a pesar del envase de fábula, Ken Loach sigue insistiendo en lo que cree y que uno podría enumerar fácilmente las lecciones que deja La parte de los ángeles: La gente que no la ha tenido fácil por su condición social merece que la sociedad le dé una segunda oportunidad. Será deber de esas personas aprovecharla, trabajando duro, para que al final puedan redimirse. Pensar en los demás y dejar al lado el egoísmo es clave para alcanzar la felicidad. Y nunca hay que olvidarse de quien te ayudó a alcanzar tu meta. Todas conclusiones éticas que la película entrega de una manera ligera y divertida. Sí, puede que la cinta no sea tan memorable como otras en su obra, pero quién dijo que tener conciencia política implica que uno, de vez en cuando, no pueda sonreír.

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