Nombre: En la casa
Categorías: Suspenso, Basada en una obra de teatro
Director: François Ozon
País: Francia
Año: 2012

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Samuel Castro * * ½
Caro Morales * * *

En la casa (2012)

Intriga por escrito

El buen escritor es el que te lleva al lugar de los hechos con sus palabras. Un par de frases, unos cuantos adjetivos bien puestos, y de pronto sientes que estás compartiendo el lecho con la heroína del relato o te escondes detrás de la puerta del cuarto donde el villano está cometiendo sus fechorías. ¿Pero qué pasaría si tú mismo pudieras influenciar los acontecimientos futuros de ese relato que te apasiona? ¿Terminarías convirtiéndote en instigador de emociones cada vez más truculentas, o incluso llegarías a ser uno de los personajes de la historia? Esta es la discusión central que propone a sus espectadores ideales, atentos y buenos lectores, el más reciente estreno en Colombia del prolífico director francés François Ozon (11 largometrajes en los últimos 13 años), de quien muchos recordarán títulos estrenados en nuestras salas como La piscina o la más reciente Potiche.

La película adapta con muy buen criterio al cine una obra de teatro del español Juan Mayorga pues aunque su antecedente teatral sigue presente en la importancia que tienen los diálogos en la creación del clima de tensión, es imposible negar la habilidad de Ozon para crear suspenso a partir de recursos completamente cinematográficos como la ubicación de la cámara o el uso inteligente de la música incidental y el constante juego entre fantasía y realidad que nos propone a través de una impecable edición.

Gracias a esas herramientas, la historia del profesor Germain, escritor de novelas sin éxito y observador sarcástico de unos alumnos que ya no quieren ni leer, que un día encuentra en el talento narrativo y en la observación crítica de Claude, otro de sus pupilos, la pimienta que su vida necesitaba, se va tornando cada vez más obscura, pues el profesor pasará de influir en las acciones del joven, a ceder a sus requerimientos, poniendo en juego su carrera laboral y la existencia, más rutinaria que plácida, de su matrimonio. Lo que comienza como un juego en el que Claude, vanidoso, se acerca a una familia “típica” para observarla, se va convirtiendo en una disección de las pequeñas miserias que todos cargamos, y en una especie de laboratorio emocional donde el profesor hace sugerencias esperando obtener determinados resultados, como si las personas a su alcance fueran meros personajes de su imaginación.

Este atractivo planteamiento no llega a ser completamente satisfactorio por la tendencia de Ozon a mostrarse más complejo de lo que realmente es. En algún momento los personajes, movidos por la mano del guionista, dejan de actuar con la coherencia que habían demostrado durante la primera parte de la película y se comportan de maneras que desconciertan al espectador, que se siente él mismo, un poco manipulado por la película. Ozon logra llevarnos a lugares que no habíamos imaginado con En la casa, pero también nos saca de ahí de un momento a otro, intempestivamente, como esos escritores que, seguros de sí mismos, creen que pueden prescindir de sus lectores.

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