| Nombre: | Todo es por amor |
| Categorías: | Drama, Ciencia Ficción |
| Director: | Thomas Vinterberg |
| Año: | 2003 |
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Todo es por amor (2003)
Todo es por amor
Si alguien nos cuenta que ha visto una película en la que africanos tienen que amarrarse al piso con una cuerdita para no salir flotando, en la que un hombre prefiere pasar su vida en un avión porque parece tenerle más miedo a la tierra que a volar, y en donde el mundo es un lugar en el que el amor está en vía de extinción, pensaríamos, algo justificados, que nos están hablando de una comedia. Thomas Vinterberg (el mismo que dirigió Celebración), vale decir, no se toma para nada en chiste lo que está diciendo en esta película; se dispone, más bien, a contarnos (con la pomposidad y la grandilocuencia de alguien que está convencido de estar hablando sobre cosas muy importantes) una historia de amor en un futuro improbable que, sin embargo, pretende ser una caricatura no muy distorsionada del mundo en el que vivimos. Todo es por amor es un discurso sobre la soledad, sobre la desvinculación entre unos y otros, sobre la imposibilidad de amar en el mundo moderno. Y mientras la vemos nos cuesta creer que alguien haya conseguido, involuntariamente y a su pesar, sacarnos un par de risas incómodas ante la trabajosa y a veces aburrida forma que tiene Vinterberg para exponer sus argumentos.
Claire Danes, Joaquin Phoenix, y Sean Penn son algunos de los protagonistas de esta película; y mientras los vemos interpretar los improbables diálogos de una historia poco convincente nosotros, el público, nos preguntamos cómo terminaron todas estas personas creyendo en un guión tan claramente fallido: a pesar de que, si lo pensamos, podemos estar de acuerdo con algunas de las ideas propuestas por Vinterberg, es evidente que una historia futurística tan obvia y, por qué no, tan ridícula, jamás podría ser tomada en serio. Y aquí es donde su director, sus protagonistas, y, en fin, todo el mundo, se equivoca: imágenes lentas y pseudo poéticas, actuaciones exigidas y dramáticas, y diálogos interminablemente aleccionadores terminan por convencernos de que ese mundo que se pretende criticar, el que está afuera de la sala de cine, es preferible a la película de Vinterberg en donde nadie es capaz de reírse de sí mismo.
Y si nos demoramos en escaparnos de la sala es porque finalmente nos hemos resignado y nos comenzamos a reír en las escenas donde nadie se atrevería, y porque todavía no acabamos de creer que tantas personas talentosas hayan desperdiciado su tiempo haciendo esto. Y es que incluso los que nos emocionamos ante la noticia de una nueva película del mismo director de Celebración terminamos decepcionados. Secretamente, en nuestras casas, podemos sacar la innoble conclusión de que a un director como Vinterberg no le queda bien hacer películas con tanta plata (el presupuesto estimado fue de 10 millones de dólares, una cifra alta en comparación con el millón y medio de Celebración).
