Nombre: Mátalos suavemente
Categorías: Acción, Política, Basado en una novela, Crimen
Director: Andrew Dominik
País: Estados Unidos
Año: 2012

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Samuel Castro * * ½

Mátalos suavemente (2012)

Brad el sucio

— ¿Has matado a alguien?
— No.
— Puede ser muy delicado.
— ¿Delicado?
— Emotivo, no divertido, muchos problemas. Lloran, suplican, se mean, llaman a su madre. Yo prefiero matarlos suavemente.

Esta conversación, que nos cuenta por qué Mátalos suavemente se llama como se llama, es sólo un fragmento de uno de los largos y farragosos diálogos que pululan en esta película. A la manera de Tarantino, Andrew Dominik, que además de dirigir escribe el libreto, adaptando una vieja novela policiaca, trata acá de crear ironía y desconcierto a partir de las conversaciones que no esperaríamos de los matones que protagonizan la historia. Unas veces le sale bien el experimento (como cuando los dos atracadores que ejecutan el golpe del comienzo nos descubren toda su estupidez y simpleza cuando hablan del sexo que no tienen) y otras no (que uno de los personajes haga una crítica a la Declaración de Independencia Norteamericana de Thomas Jefferson simplemente es demasiado).

El problema es, justamente, la sobrepoblación de experimentos a lo largo de la cinta, que si bien son muy interesantes para los cinéfilos de callo grueso, dispuestos a observar con detenimiento las propuestas estéticas y narrativas del director, entorpecen ostensiblemente la conexión con el público más casual, que se sentirá confundido ante lo que esperaba fuera “una película de acción con Brad Pitt”. Pero este es el otro lado de Brad Pitt, no el de la estrella de cine que hace publicidades de perfumes femeninos, sino el del buen actor que busca proyectos de tinte más independiente para demostrar sus, hoy en día, innegables cualidades interpretativas.

Aquí hace de Jackie Cogan, un sicario a sueldo de la mafia de New Orleans (la decadencia en sus paisajes post-Katrina es usada por el director para aumentar el ambiente depresivo de la historia) que es contratado para descubrir y castigar a quien se atrevió a asaltar una de las partidas de cartas ilegales organizadas por los delincuentes. Pero eso no es lo realmente importante en la película, pues al final la trama es tan simple como suena. Lo que desea Andrew Dominik es tomar el cine de gánsteres y modificarlo de acuerdo con sus particulares búsquedas de autor, como ya lo había hecho antes con el western en El asesinato de Jesse James. Veremos entonces una fotografía que sobreexpone algunos extremos de la imagen, para “envejecerla” a nuestros ojos y emparentarla con las películas policíacas de los setenta como Harry el sucio, un cine que tenía un fuerte componente de crítica a las fallas de la sociedad estadounidense. Dominik intenta hacer lo mismo metiendo a la fuerza discursos políticos que se ven en las pantallas de televisor encendidas, pero el recurso se ve impostado y poco creíble.

Lo que podemos concluir después de verla (y no todos terminarán en la sala al final de la función) es que en Mátalos suavemente había un director con ideas interesantes, cuyas armas esta vez sólo dispararon balas de salva.

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