Nombre: Bárbara
Categorías: Drama, Suspenso, Política, Basado en hechos reales, Guerra, Histórica, Horror, De época
Director: Christian Petzold
País: Alemania
Año: 2013

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Samuel Castro * * *

Bárbara (2013)

Seguridad democrática

No se puede mirar con descuido el afiche de Barbara, la más reciente película del director Christian Petzold, estrenada ayer en Medellín. A simple vista parece que viéramos a una mujer que vive en el campo o en una zona rural, volviendo del trabajo en bicicleta. Eso es lo que captamos con una visión superficial de la fotografía en el póster. Pero si nos fijamos bien, veremos que el gesto de su rostro dice otra cosa. La mujer está inquieta y mira sobre el hombro porque siente que la están persiguiendo. No será una vida tranquila y apacible lo que veremos a continuación.

La mujer se llama Bárbara y la acompañamos en su primer día de labores en un hospital de pueblo. Por su expresión, sabemos que no es feliz. Algo la angustia y preferiría estar en cualquier otro lugar, a pesar de que su trabajo como médica lo realiza con profesionalismo y buen juicio. Pero esto no es Hollywood, así que tardaremos en recibir las pistas que nos ayuden a entender qué está ocurriendo. Que se estrene una película europea (alemana en este caso) en Colombia siempre es una buena noticia, porque permite acercarnos a ritmos narrativos distintos a los que nos tiene acostumbrados la factoría norteamericana. Aquí todo se insinúa, pero poco se dice. Lo que le viene perfecto a la trama, pues nos relata hechos que ocurren en la República Democrática Alemana durante los ochenta, cuando la cortina de hierro seguía en pie y sus habitantes veían coartadas sus libertades a tal punto que el gobierno podía decidir a qué lugar del país debías ir a vivir como castigo. Ese es, precisamente, el motivo de la rabia incombustible de Bárbara. Le han negado la visa para salir del país y la han trasladado a ese sitio miserable, donde deberá arriesgarse a ser descubierta cuando intente reunir lo necesario para escapar.

Si la protagonista de esta historia fuera Angelina Jolie, la película se convertiría en un juego de espías con balaceras, persecuciones y escenas de tortura. Pero Nina Hoss, la actriz que encarna a Bárbara, no está acá para correr y saltar. Está para que comprendamos a través de sus ojos, duros y fríos, lo que se siente no poder hablar con libertad porque no sabes si tu compañero te va a delatar; lo que duele que sean otros los que decidan por ti; lo que molesta que debas amar a escondidas. Su interpretación se suma a la coherencia de la producción que, para acentuar la sensación de que no hay libertad en el mundo que nos retrata, usa espacios demasiado estrechos y poco iluminados la mayor parte de la película y cede el uso de la música al sonido ambiente, para que compartamos con la protagonista la tensión que puede generar el silencio.

No será fácil aniquilar el espíritu de Bárbara. Con la ayuda de André (aunque nunca sepamos si sus intenciones son totalmente inocentes) intentará cuidar a otras víctimas del régimen, más indefensas que ella. Porque en últimas eso es “Bárbara”: un recordatorio de que en tiempos oscuros, lo único que tenemos los unos, es a los otros.

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