Nombre: No
Categorías: Drama, Política, Documental, Basado en hechos reales, Comedia dramática, Histórica, De época, Basada en una obra de teatro
Director: Pablo Larraín
País: Chile
Año: 2012

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Samuel Castro * * * ½

No (2012)

Las peleas que hay que dar

“No me gusta hablar de la democracia como un producto” le dice su cliente al protagonista de No. Pero aunque no le guste hablar así, es justo de esa forma como René Saavedra, hijo de exiliado, que ha podido hacerse a un nombre en la publicidad durante la dictadura de Augusto Pinochet, intentará hacerle entender a los chilenos que si marcan “No” en el plebiscito a la medida que la dictadura ha montado para buscar legitimidad internacional, su vida como la conocen puede cambiar.

Para “vender” la democracia, René no ahorrará ninguna de las estrategias que la publicidad de todas las épocas y lugares ha utilizado: pondrá modelos altos y bonitos en los comerciales, creará un logotipo que puede significar cualquier cosa, compondrá un jingle pegajoso que todos puedan memorizar en tres semanas. Que algunos le reprochan esquivar con trucos baratos los dolorosos temas que un país con miles de desaparecidos y exiliados cargaba a cuestas, no le importa a Saavedra. Porque lo que él quiere es que su producto, la democracia, se venda más que la competencia. Si para eso tiene que ser ligero, ¿qué importa? El fin justifica los medios, decía una frase de Maquiavelo que parece un eslogan contemporáneo de gobiernos cercanos.

Algunos le critican a Pablo Larraín, el director de esta cinta basada en una obra teatral de Antonio Skármeta, hacer concesiones para conseguir una película más popular que sus dos títulos anteriores: Post mortem y Tony Manero. Pero como lo sabe también Saavedra, el protagonista de esta historia nominada al Oscar, Larraín entiende cuáles peleas son necesarias y cuáles no. En este caso, es verdad que hay una narración dramática mucho más tradicional y explícita que la de su obra anterior, pero la parte visual, con un formato de filmación intencionalmente anacrónico (el video U-matic de los ochenta hace que el color por momentos se disuelva en distintas capas) sigue exigiendo un público atento y afín a los retos. Además, esto le permite utilizar sin que se sienta el brinco entre las imágenes de hoy y las antiguas, las verdaderas campañas publicitarias que salieron al aire durante aquellos días, en un recurso que administra con gran tino, mostrándonos los absurdos golpes y contragolpes que el oficialismo y la oposición se propinaban sin pensar mucho, como dos boxeadores locos en un combate a muerte. Sólo por esto la película debería ser de visión obligatoria para todo profesional de la publicidad y el mercadeo.

No, con sus encuadres mal hechos adrede, como de joven recién graduado, nos brinda una sensación de “verdad” que pocas películas consiguen. Gael García es un gran compañero en este viaje al pasado, como ese publicista menos valiente que su propio hijo, un héroe por accidente que no hace más que lo que sabe: copiar, exagerar, decir medias verdades. Estamos ahí y sentimos la emoción de ganarle al régimen con sus armas. Y la posterior tristeza de René cuando al final entiende que vender siempre implica venderse un poco.

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