Nombre: Anna Karenina
Categorías: Drama, Romance, Basado en una novela, Histórica, De época
Director: Joe Wright
País: Reino Unido
Año: 2012

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Samuel Castro * * ½

Anna Karenina (2012)

La bella matrioska

Además de la Biblia hay otros textos sagrados. Aquellos que tienen el poder de representar, a través de sus personajes y sus situaciones, muchas de nuestras ideas sobre el significado de la vida (¿o quién no se ha sentido alguna vez como el Quijote luchando contra molinos de viento?). Ahí están “Madame Bovary”, “El conde de Montecristo” y “Romeo y Julieta”. “Anna Karenina” de León Tolstói es uno de esos textos y por esa razón ha sido objeto de innumerables adaptaciones para cine y televisión.

Joe Wright es un director tan ambicioso como talentoso. En su primer largometraje no se amilanó frente al reto y filmó una estupenda adaptación de Orgullo y prejuicio de Jane Austen (otra obra que es un texto sagrado, sobre todo en Inglaterra, tierra natal del director) donde ya estaban presentes varias de las características que encontramos ahora en esta versión de la obra rusa: esa vitalidad en su narración con la cámara, que hace más interesantes algunas escenas, la belleza incuestionable de cada uno de sus planos, aquí pensados como si fueran escenarios teatrales o preciosas maquetas arquitectónicas; la capacidad que tiene de sacar lo mejor del talento de Keira Knightley, como lo hizo también en Atonement; y la poco convencional y a menudo desastrosa elección de sus protagonistas masculinos. Si en Orgullo y prejuicio uno no podía imaginar que el bonachón Matthew Macfadyen fuera el altivo Darcy, aquí, a pesar del notable esfuerzo del intérprete, Aaron Taylor-Johnsonn no logra llenar las botas del seductor y enérgico Vronsky, un personaje que ha sido representado antes por actores como Sean Connery o Christopher Reeve. Su sola presencia debería ser la razón para que el público entienda por qué Anna arriesga su cómodo matrimonio para convertirse en amante pública, una condición que en su época implicaba el desprecio social.

Al ser un director ambicioso, Wright desea hacer algo más que contar bien una historia conocida. Él quiere que “su visión” de Anna Karenina sea única, distinta y original. De allí su decisión de privilegiar el aspecto formal de la película, llevando a la práctica aquello de “el teatro de la vida”, haciendo que sus personajes se desplacen entre bastidores para ir de un lugar a otro, que algunos escenarios sean más simbólicos que reales o que el vestuario represente también el ánimo del personaje (Anna caerá en los brazos de Vronsky sólo cuando su escote luce mal puesto) El problema es que al hacerlo, convierte la película en un divertimento visual que ni entretiene ni atrapa. El espectador curtido la ve como un físico que analiza el desarrollo de una ecuación, pensando cómo hará para resolver lo que sigue, y el espectador casual se aburre hasta el hartazgo, porque nada lo conecta emocionalmente con esos personajes.

Como las matrioskas, aquellas populares muñecas rusas que se acomodan una dentro de otra, Joe Wright ha filmado un juguete lleno de detalles, visualmente precioso, pero hueco. Lo que en el caso de Anna Karenina es casi un sacrilegio.

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