Nombre: Objetivo Bin Laden: Zero dark thirty
Categorías: Acción, Política, Basado en hechos reales, Guerra, Histórica
Director: Kathryn Bigelow
País: Estados Unidos
Año: 2012

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Samuel Castro * * ½
Andrés Rodelo * * * *

Objetivo Bin Laden: Zero dark thirty (2012)

Mujeres con pantalones

Maya (Jessica Chastain), protagonista de Zero Dark Thirty —bautizada en nuestro país como Objetivo: Bin Laden, un título de bochornosa obviedad—, es una agente de la CIA que ha dado golpes en la mesa de una organización marcada por la figura masculina con el fin de hacerse notar. Cuando la asignan al grupo de investigadores cuya misión es sacar de la madriguera a Osama Bin Laden, enemigo público número uno de Estados Unidos y artífice de los ataques del 11-S, un agente escéptico pregunta sobre su presencia en el caso y otro le responde, resumiendo en una frase su voracidad profesional y, de paso, la esencia de la película: “Washington dice que es una asesina”.

Ver a Maya es ver a la encarnación de la persistencia hecha mujer y también de otros aspectos como el hecho de no doblegarse ante la frustración del fracaso y el entregarse por completo a la faceta laboral con las consecuencias buenas y malas que esto pueda generar. Es una 'workaholic', como dirían los gringos refiriéndose a la adicción al trabajo, cuestión que tiene reverberaciones en la carrera como cineasta de Kathryn Bigelow, quien se alzó con el Óscar a la mejor dirección en 2009 por Zona de miedo (2008) siendo la primera mujer de la historia en conseguirlo.

Sin embargo, la similitud no acaba con esta anécdota. Pareciera que el vigor de Maya ante el fracaso  de no encontrar a Bin Laden en varios tramos de la investigación es el mismo que tuvo Bigelow  en algunos momentos de su carrera, en los que películas como Días extraños (1995) o El peso del agua (2000) la iban condenando cada vez más al fracaso y a tirar la toalla en cualquier momento. No obstante, la negación de la derrota y la persistencia consiguieron que su carrera despegara — por fin—  27 años después de su comienzo, gracias al éxito de su penúltimo filme, en el que trabajó por primera vez con el guionista Mark Boal, quien también firma la historia de Maya.

La vida de ambas mujeres ratifica un viejo dicho que dice que el artista es un diez por ciento inspiración y un noventa por ciento transpiración. Es el trabajo duro el que hace a los grandes creadores, un adagio que puede aplicarse a cualquier propósito en la vida. Prueba de ello es que, como ya todos lo saben, Maya encuentra el paradero de Bin Laden y Bigelow configura una película que retrata de manera realista la cacería del terrorista. Un film marcado por la distancia que toman sus creadores para no intervenir más de lo necesario en el relato, por sus diálogos poco explicativos como voto de confianza a un espectador inteligente, por una intriga ausente de los golpes de efecto del thriller comercial y por la negativa a incurrir en interpretaciones éticas o morales, planteando así un terreno en el que el espectador es quien toma posición frente a lo visto.

Algunos cuentos de hadas centran su argumento en un príncipe valiente que va al castillo, mata al dragón y rescata a la princesa. Tal vez la tenacidad de este modelo de mujer representado por Maya o Kathryn Bigelow, obligaría hoy a plantear otro tipo de historia: no habría necesidad de príncipe y el dragón moriría bajo las suaves manos de una chica.

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