Nombre: 360
Categorías: Drama
Director: Fernando Meirelles
País: Reino Unido
Año: 2011

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Samuel Castro *

360 (2011)

Personajes que caminan en círculo

Las películas son como las personas. Están las sencillas, que no tienen muchas palabras pero que gracias a su don de gentes conquistan a los demás. Existen por supuesto las escandalosas, que hablan duro y gritan para hacerse notar, a punta de efectos especiales y pirotecnia en la edición. Están las inteligentes, que te convencen con argumentos sólidos de lo que te quieren decir. Al final les crees todo. Y están las pretenciosas. Las que creen que son muy profundas y perspicaces y están tan convencidas de serlo que no reparan en las mentiras y en las frases absurdas que van diciendo hasta que al final, los que conversamos con ellas, las miramos con desdén. A esta última clase pertenece 360, la película de Fernando Meirelles, recibida con mucha expectativa a sabiendas de que Meirelles dirigió grandes cintas como Ciudad de Dios o El jardinero fiel y que su reparto incluye a buenos intérpretes como Jude Law, Anthony Hopkins y Rachel Weisz.

Lo pretenciosa se le nota desde el título. Si uno le pone a su película 360, tiene la obligación de escribir un guión perfecto, de estructura circular, que sea capaz de morderse la cola y generar la reflexión que pretende vendernos: que el mundo, en este tiempo de viajes interoceánicos y publicidad global, es de verdad un pañuelo; por eso lo que uno haga puede tener consecuencias insospechadas en otro continente. Pero aquí Peter Morgan, que no es propiamente un guionista principiante (de él son Frost/Nixon y The queen), firma una serie de episodios vagamente conectados (¿un aeropuerto?, ¿de verdad no se le ocurrió nada más original?) en la que aparecen una mujer que se mete a prostituta (por qué, no nos lo dice), un hombre cansado de su hermosa esposa (tampoco nos cuentan la razón, todo parece normal entre ellos), un delincuente sexual que quiere redimirse (lo mejor de la película es este personaje de Ben Foster), un padre en busca de su hija desaparecida y algunos personajes más, todos tibios, sin gracia, ninguno lo suficientemente interesante como para llevar sobre sus hombros el peso del relato.

Esta misma idea de “el purgatorio global”, ya la dijeron mejor (o al menos tomando más riesgos narrativos) en Babel, otra película pretenciosa, pero también más inteligente, Guillermo Arriaga y Alejandro González Iñárritu. Peter Morgan ni siquiera entendió que una película cuya estructura es lo más importante, tiene la obligación de sorprender, de tener puntos de giro que levanten al público del asiento. La única manera de que eso ocurra en 360 es que un espectador aprecie su tiempo y se salga de la sala antes de que termine la cinta.

360 demuestra que una película no es mejor sólo porque transcurra en tres continentes y su reparto hable tres idiomas. Que una gran banda sonora, por más emocionantes que sean las canciones que la componen, no logra salvar un mal guión. Y que una película puede ser pretenciosa, pero tiene que saber decir lo que quiere. Porque uno no puede ser fanfarrón si es tartamudo.

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