Nombre: El legado Bourne
Categorías: Drama, Acción, Policiaca, Política, Misterio, Basado en una novela, Crimen, Thriller
Director: Tony Gilroy
País: Estados Unidos
Año: 2012

Otras reseñas para esta película

Iván Gallo * *

El legado Bourne (2012)

Una triste imitación

Soy un fanático de las películas de Jason Bourne y por eso fui al cine con la ilusión de al menos pasar dos horas comiéndome las uñas. Mis dudas aparecieron desde que vi el tráiler. No se puede concebir una película más de la saga sin que estén dentro del proyecto los grandes artífices del éxito, Paul Greengrass, su director, y Matt Damon, el hombre que encarnó al asesino rebelde. La elección del talentosísimo  Jeremy Renner resulta siendo apenas un mal menor. El hombre da todo de si por ayudarnos a olvidar a Damon, pero qué va, todo se queda en buenas intenciones, nadie nos hará olvidar a Jason Bourne.

Una de las grandes virtudes que tenía la trilogía era un ritmo trepidante, seguido de un efectivo y casi que perfecto trabajo de edición. Los diálogos eran precisos y servían para poner todavía más los pelos de punta. Acá el ritmo es absolutamente fatigoso y después de muchísimos años volví a sentir claustrofobia en una sala de cine. Creí que en cualquier momento me iba a dar un infarto. Algo fallaba en el aire acondicionado, tenía calor y sudaba copiosamente. La verborrea que destilaba la pantalla me conducía irremediablemente a la náusea.

La edición no funciona. Esto es un punto bastante grave. En el cine de acción, un noventa por ciento del éxito que pueda tener una película es responsabilidad del montajista. Es por eso que acá sentimos que lo mejor de las peleas o persecuciones, lamentablemente, nos lo estamos perdiendo. No comprendemos nada, o al menos eso me pasó a mí. Por lo que veo en las críticas, a mucha gente le ha gustado. A mí me ha parecido una completa basura. Sólo en dos secuencias podemos vislumbrar algo de grandeza de la saga. En la parte donde el científico comienza a asesinar a sus colegas dentro del laboratorio y en el interrogatorio que le aplican a Rachel Weisz en su casa. Esto, señores, para una película que tenga el sello de Bourne, es muy poco.

Desde el primer plano ya sabía que hubiese sido mejor plan revisitar la trilogía o meterme en la otra sala a ver Abraham Lincoln cazador de vampiros. Eso de ver a Renner salir como un actor porno de un lago en la Antartida parecía sacado de otro contexto. Después sale Edward Norton, para mi uno de los actores más inflados por la crítica. Tuvo suerte al comienzo de su carrera y llegó a su pico creativo de la mano de Spike Lee en La hora 25, pero nunca pudo recuperarse. Se quedó para siempre con su cara de pollo envejecido. Acá es una triste sombra parlanchina que deambula de un lado a otro con su fastidiosa jeringonza, que solo entendería un hombre del Servicio Secreto o un avezado lector de Robert Ludlum.

Rachel Weisz está ahí haciendo lo que puede, que es más bien poco. En tu mente, así trates de controlarlo, sabes que no le llega ni a los talones a Franka Potente, la insegura y fea y brillante mujer que seduce a la máquina de matar, la que lo humaniza, la que muere infamemente por culpa de un francotirador nada más comienza la segunda parte de la película. Nada de esa frescura tiene esta actriz, que a mí en lo particular me resulta bastante limitada, siempre con esa cara de susto, sin ningún tipo de matices. Además, las científicas no están tan buenas… me consta.

Para evitar que el público se ponga muy exigente con aquello de la verosimilitud le damos a Renner y a sus compañeros asesinos, características de terminators. Esta nueva generación de agentes tiene la capacidad para aliviarse de sus heridas en unos cuantos minutos. Su composición genética es prácticamente inhumana, por eso los vemos escalando los edificios como si fuera el mismísimo hombre araña. Las tan ansiadas persecuciones, matanzas y peleas que vinimos a ver, quedan aplazadas para el final, cuando ya la cabeza te da vueltas después de tantas frases extrañas, de tantas explicaciones innecesarias, de las que se deduce que Tony Giroy recibió la orden del estudio de tratar de hacer un resumen rápido de lo que trató la trilogía que precede al bodrio, no vaya a ser que se cuele un espectador que del asunto no tenga ni idea, como les pasó a los tres paracos que se sentaron justamente al frente mío y con los que, contrario a lo que podía pensar al principio, salí compartiendo su opinión final: que la cinta definitivamente era muy lenta, aburrida y que al final nos dieron muy poquito de esas persecuciones que tanto nos electrizaron en la trilogía y que acá quedan sepultadas por ese diálogo pesado y asfixiante.

Sin Greengrass ni Matt Damon cualquier cosa que tenga que ver con Jason Bourne no es más que una imitación triste, barata y aburrida.

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