Nombre: La lectora
Categorías: Acción, Suspenso, Policiaca, Romance, Misterio, Basado en una novela, Crimen, Remake, Thriller
Director: Ricardo Gabrielli
País: Colombia
Año: 2012

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Iván Gallo *

La lectora (2012)

Chambonería criolla

No hay género más complicado para un director que el thriller. Acá no es sólo crear personajes o situaciones creíbles. El que escribe la historia además de crear una trama atrapante debe desperdigar las secuencias como si fueran fichas de un puzzle que poco a poco, entre el realizador y el público, se va armando.  Ricardo Gabrielli es un tipo ambicioso y eso no siempre es malo. Se había revelado como un director de televisión con éxito con las series El capo y Lynch. Es un tipo que como Simón Brand o Dago García tienen claro que el cine no es sólo un arte sino una industria millonaria. Por eso las niñas lindas de los noticieros habían saludado con beneplácito en sus rincones del entretenimiento, la venta a Movie City de los derechos de su ópera prima.

Un gran despliegue publicitario se había formado a partir del rodaje, post-producción y estreno del proyecto. En el tráiler no nos quedaba muy claro de quée iba la película, pero el tráiler de un thriller no nos tiene por qué dar pistas, al contrario, debe confundirnos aún más. Se corría el rumor de que Carolina Gómez iba a estar muy cortica de prendas y eso en sí mismo, hermanos míos, era una razón de peso para ir al cine.

Lamentablemente uno después de verla se da cuenta de que La lectora sólo vale la pena por el baile de caño de la ex virreina universal de la belleza. De resto el filme se hunde en puros lugares comunes. Después de unos créditos bastante bien logrados (que son muy parecidos  a los de Se7en) comienza el inevitable naufragio.  Resulta imperdonable que el prepotente de Gabrielli, que había comparado  su película con Touch of evil, teniendo como antecedente lo que hizo Pepe Sánchez en la serie del 2002, con resultados al menos dignos, haya hecho de esta historia, merecedora de premios en España y que tales, un total y absoluto mamarracho.

Porque no es sólo el lugar común, que de eso está lleno el pobre cine de nuestros días, sino la chambonería lo que hace de La lectora una película intolerable.  Gabrielli, quien aparece en los créditos como productor, guionista y director (como Orson Welles, Woody Allen o Jairo Pinilla) no se tomó el trabajo de construir personajes. La prostituta aparte de bailar muy bien en el caño y de tratar de ser coqueta con todo aquel que se le atraviese, no tiene otros matices que hagan creíble a una Carolina Gómez que demuestra que como actriz es una hembrota. Diego Cadavid es un taxista que mientras conduce se toma sus traguitos, como aquel Travis de Scorsese, pero al cual no le vemos un sólo rasgo de humanidad. El capo es interpretado por Luis Eduardo Arango y eso ya lo dice todo. Y los dos bandidos que secuestran a la lectora no son más que pobrísimas caricaturas.

Gabrielli va a la fija. Si ya tiene a los ídolos de la televisión colombianos pues para qué construir personajes. La trama tiene unos baches enormes, demostrando que el guión fue hecho a toda velocidad, sin rigor, a los totazos. Los escapes de los protagonistas son absolutamente inverosímiles, incluso ni sabemos cómo fue que se escaparon de la ventana de un baño. La escena de sexo tiene como único propósito mostrarle las curvas a la Gómez. Si la prostituta cuenta la historia al alemán por teléfono, mientras está encerrada por sus captores después de una severa golpiza, no sabemos a qué horas este profesor (que es un mamarracho más) pudo escribir un cartapacio de más de cien hojas y en hermosa caligrafía. Claro, esto tiene una razón de ser que seguramente en la novela se hace entender, pero que acá sencillamente no es verosímil.

Y el final…. En el final el personaje de John Alex Toro repite su mantra, algo así  como que todo es posible o una vaina así, que no quiero ni recordar, y que según su director es el momento donde debemos decir “jueputa, qué punto de giro tan brillante”. Pero con ese cierre confirmamos no sólo que La lectora es una mala película, sino que su director se dejó convencer de que es un maestro en el género sólo porque su serie Lynch se pasa en Movie City. Y en ese punto, señor Gabrielli, está muy equivocado.

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