Nombre: Albert Nobbs
Categorías: Drama, De época, Basada en una obra de teatro, Basada en un cuento
Director: Rodrigo García
País: Reino Unido
Año: 2011

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Samuel Castro * * *
Caro Morales * * * ½

Albert Nobbs (2011)

Cosas que no sabes con sólo mirarla

Durante un baile de máscaras que se realiza en ese hotel con pretensiones de lujo, pero que es más visitado por sus precios que por la calidad de su restaurante, el doctor Holloran (Brendan Gleeson) se acerca a Albert Nobbs, el mayordomo apocado y silencioso que todos aprecian por su puntillosa pulcritud, mostrándole su estetoscopio para disculparse por no llevar puesto un disfraz: “Ambos nos disfrazamos de nosotros mismos” dice el médico. Y los espectadores sonreímos, porque sabemos que en el caso de Nobbs, la frase es más certera de lo que parece.

Porque Albert Nobbs —no es un secreto para alguien que mire con cuidado el afiche de la película— es un disfraz que camina. Debajo de sus maneras contenidas y de ese perpetuo gesto de miedo ante el mundo, hay una mujer. Una mujer que no ha ocultado su identidad por una gesta heroica o porque quiera meterse en un lugar reservado para hombres en la Dublín del siglo XIX donde ocurre la historia. Lo ha hecho por simple supervivencia, para no morir de hambre, pero ha sido tal su éxito en volverse invisible (como se supone que debían ser los sirvientes) que nadie sospecha de su condición. Hasta que llega al hotel el señor Hubert Page a realizar un trabajo de pintura y con él, algunas revelaciones que le permiten soñar a Albert Nobbs con otra vida. Una vida en la que pueda dejar sus labores de servidumbre, tener su propio negocio y vivir con una mujer, más que por inclinaciones sexuales, porque los hombres no hacen parte de sus buenos recuerdos.

Este proyecto es el sueño realizado de la actriz Glenn Close, que había representado el mismo papel en una obra de teatro hace casi tres décadas y que batalló para encontrar la financiación hasta convertirlo en un largometraje. Un esfuerzo muy lógico, pues es uno de esos personajes que sueña cualquier intérprete, de los que dan premios y cubrimiento mediático. Lo más meritorio de Glenn Close es que su creación se hace sin trampas: no hay grandes prótesis que transformen su nariz, o barbas postizas; toda la composición de su papel está armada con posición corporal, gestos y modulación de la voz. Ver su trabajo actoral nos causa una admiración que no cesa.

Sin embargo, aunque simpaticemos con la actriz por su labor, no ocurre lo mismo con el personaje: Albert Nobbs carece de cualquier cualidad para generar empatía en quien lo ve. No es locuaz ni expresivo. Huye de los contactos personales. Luce mezquino cuando lo vemos contando el dinero de sus ahorros. Sólo nos produce piedad y eso, que es un riesgo narrativo valeroso, perjudica el resultado final, porque a la hora de solidarizarnos con su conflicto, ni las buenas actuaciones del resto del reparto (con la sobresaliente Janet McTeer a la cabeza) ni la dirección tranquila y sutil de Rodrigo García, logran que nos conmovamos lo suficiente como para que el drama sea memorable. Terminamos viendo al final, una bella historia triste sobre un personaje gris, que olvidó durante demasiado tiempo quitarse el disfraz.

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