Nombre: JFK
Categorías: Drama, Policiaca, Política, Documental, Guerra, Histórica, Crimen, De época, Basada en un libro de no ficción, Thriller
Director: Oliver Stone
País: Estados Unidos
Año: 1991

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Iván Gallo * * * *

JFK (1991)

Lecciones de historia

No soporto a Oliver Stone. Su nombre me produce las mismas agrieras que puede producirme ese hombre tan serio, imperturbable y justo que es Sean Penn. Sus películas suelen ser predecibles, con buenos muy buenos y malos terriblemente malos. Crea personajes unidimensionales y muchas veces se nota que es de esos compulsivos que ruedan y ruedan cientos de miles de kilómetros de película y luego le dicen al pobre montajista casi ciego “Hey men, deme una mano”, y como sea desde la moviola tienen que sacar una narración que tenga algo de coherencia.

Sin embargo JFK era una película de la cual tenía los mejores recuerdos. A pesar de lo intrincado del relato, una historia de conspiración con toque documental, recordaba haberla disfrutado cuando mi papá me llevó a verla al Rosetal en el lejano y feliz 1992. Había querido volverla a ver desde ese entonces y veinte años después pude acceder a una copia y pasar toda una noche del sábado alejado del vértigo del ron.

No importa si los hechos que describe Oliver Stone en esta película fueron ciertos o no. No necesitamos que esta caricatura de “rebelde” nos venga a decir cómo se hacen los complots dentro de la CIA. Ya sabemos que lo que hay después del Río Bravo no es más que una dictadura y que el presidente la gran mayoría de veces no es más que un títere de sus generales. Si quieres tener el control absoluto de ese país siendo presidente, debes tener la moral de un detective privado o ser Richard Nixon. Kennedy en algún momento pensó que podía torcer el destino de una nación avocada al millonario juego de la guerra. A los fascistas cualquier alusión a la paz les causa escozor y no tienes que tomar un avión y viajar hasta Nueva Orleans para que sientas los estragos de ser un pacifista; en Colombia un político  que abogue por una salida negociada al conflicto es tildado inmediatamente de terrorista, de enemigo jurado del estado y sin previo aviso pueden estar tumbando la puerta de tu casa, subirte a un camión y llevarte a un descampado para ejecutarte, como a una serpiente llena de veneno.

Pobre Kennedy, tan joven, tan lleno de vida. A pesar de que descendía de una familia de inmigrantes irlandeses, la fortuna familiar ascendía a los mil millones de dólares. Con esa plata hubiera podido dedicarse a los negocios de su padre, pasar el verano en su yate, recorrer los mares del sur y sembrar una estela de sífilis entre Tahití y Nueva Zelanda. Pero no, le dio por ser primero un héroe de guerra y después por ser presidente. Además cometería el error de llegar al poder siendo un idealista. Tenía pensando para 1965 sacar al último hombre de la absurda guerra del Vietnam, dejar en paz al barbudo y su revolución, sentarse con Khrushchev y ponerle fin al embeleco ese de la guerra fría.

Estados Unidos venía de ser gobernado por Eisenhower, un general, un hombre que se formó en las lides de la guerra. La cacería de brujas se recrudeció durante su gobierno, haciendo que figuras aborrecibles como el senador Joseph McCarthy cobraran notoriedad con sus famosas listas negras. Cualquier cosa que oliera a comunismo sería extirpado de la vida norteamericana. Los militares estaban felices, por fin gobernaban a placer…. Hasta que llegó este irlandés con pinta de yuppie, más joven que cualquier otro presidente en la historia del país y con unas ideas francamente subversivas.

Las fuerzas oscuras de América tenían que pensar bien en una estrategia para sacarlo del poder. El pueblo lo quería pero el pueblo cree todo lo que digan las noticias. Los grupos económicos manejan los medios de comunicación, así que si era por neutralizarlos no había ningún problema. Para su golpe de estado tenían que buscar un chivo expiatorio, crear la teoría de que un sólo hombre con un rifle defectuoso podía disparar tres veces y dar en el blanco en las tres oportunidades en un margen de nueve segundos y desde una distancia considerable. Hitler decía que entre más grande la mentira más fácil era que el pueblo se la creyera. Así fue. Al joven presidente lo ejecutan en un temible fuego cruzado mientras desfilaba en su descapotable por las calles de Dallas. Texas es un fortín republicano, allí está el billete, el petróleo, el poder. Recuerden que los Bush son de por allá.

El país creyó que una piltrafa humana como Lee Harvey Oswald podía atentar contra el presidente solo porque era “un fanático comunista”. La justicia también lo creyó menos el fiscal Jim Garrison. Con sus propios recursos inició la investigación a pesar de ser ridiculizado por los medios, hostigado por sus propios colegas, amenazado por el poder oscuro que todo lo domina en ese maldito país.

Producto de esa investigación escribió el libro On the trail of the assasins en el cual se basaría Oliver Stone para hacer la mejor de sus películas. A pesar de lo intrincado, de la cantidad de nombres de los acusados, de las versiones, de que por momentos es un documental, nunca te pierdes. Esto se lo debes sin duda a un guión muy bien escrito y a uno de los mejores montajes de los cuales tenga recuerdo. Entre Pietro Scalia y Joe Hutshing logran componer una sinfonía visual donde nada sobra, todos los puntos se encuentran como si fuera un rompecabezas.

Pero fuera de eso la película está reforzada por unas actuaciones estupendas. Y esto es gracias a un fantástico  casting. Gary Oldman encarna a uno de los personajes más tristes y miserables que han pasado a la historia, Lee Harvey Oswald. Ya sabemos la capacidad que tiene el inglés para transformase en lo que le dé la gana, pero con Oswald roza la perfección. Tommy Lee Jones como el refinado y pervertido magnate Clay Shaw también está fantástico. Ver a Joe Pesci me produce una extraña sensación de repulsión y alegría, y por más difícil que nos cueste creerlo o decirlo, Kevin Kostner acá logra la mejor actuación de su carrera.

Veinte años después JFK se rebela como un clásico absoluto. Una película vigente que refleja no solo la realidad política de un país en particular, sino de cualquier otro. El golpe de estado más sanguinario que se recuerde se perpetró en la nación que predica la igualdad, la democracia, el respeto por las instituciones. Deberían pasarla en los colegios para que los niños entiendan que la guerra es un negocio para los que fabrican armas, un negocio millonario como el de la droga, y es por eso que conviene tanto tenerlo. Y a los que la política les importe un comino deberían verla para que entiendan cómo es que se debe montar una película.

Imperdible. Para verla una y otra vez.

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