Nombre: Chocó
Categorías: Drama
Director: Jhonny Hendrix Hinestroza
País: Colombia
Año: 2012

Otras reseñas para esta película

Alejandro Gómez Dugand * * *
Iván Gallo * * *
Caro Morales * * *

Chocó (2012)

La promesa de Chocó

Chocó, la joven protagonista de la película que lleva su mismo nombre, se mueve lento por el calor húmedo del Pacífico colombiano. Camina en silencio, arrastrando un machete y una palangana con la que busca pepitas de oro en los pozos de las minas gobernadas por los mestizos paisas que han colonizado este lugar. Se toma su tiempo, en su soledad, de atravesar caños, trochas hechas a machete, apenas tarareando alguna canción orquestada por las ramas que crujen debajo de sus botas de hule. No habla con nadie. Prefiere perderse en los anhelos de una mujer que le tocó crecer más rápido de lo necesario. Ese silencio, ese movimiento tranquilo, es el primer logro de esta cinta.

Cine colombiano hoy parece más una referencia de género que una denominación de origen. Es, a fuerza de años de películas que han redundado sobre los mismos personajes, los mismos tópicos, los mismos paisajes y las mismas historias, un género tan definido y concreto como el de las películas de vaqueros. Tan es así la situación, que películas como María llena eres de gracia, escrita y dirigida por un gringo y rodada casi en su mayoría en Ecuador y EEUU, es considerada una película colombiana.

Chocó, película colombiana, escrita y dirigida por el colombiano Jhonny Hendrix Hinestroza y rodada en el pacífico colombiano con actores naturales colombianos, parece no encajar dentro de esa categoría de cine colombiano. La primera razón de que esto ocurra es precisamente ese caminar lento y silencioso de Chocó. La cinta de Hendrix Hinestroza tiene el logro de haber sido escrita para los ojos, y no para los oídos. No hay ese exceso tan aburridor de palabras, de gritos y de narraciones que le pesa tanto al cine colombiano. Hendrix Hinestroza le confía al paisaje Chocoano la elocuencia de su cinta, deja que sus personajes se hagan en la acción y no en el discurso. Chocó es una buena madre porque es cariñosa con sus dos hijos, porque por ellos va a la mina a sacar oro y lava la ropa de los mestizos a cambio de algo de plata. Ella es buena madre porque al enterarse de que su hijo está faltando al colegio para irse a trabajar a la mina con la intención de ayudar con plata en la casa lo reprende. Ella es buena madre porque actúa como tal, no porque en una conversación sin sentido le diga a un personaje plano que sus hijos son su prioridad.

Y es ese amor el que le da el primer arrancón a la película, cuando su hija Candelaria, quien cumple años, le pregunta que cuando va a tener una torta de verdad. Y ese es el otro gran crédito de Hendrix Hinestroza: empezar con un conflicto humano, real. Una torta se vuelve una inteligente excusa para hablar de la pobreza, de racismo, del impacto ecológico de la minería, del temor punzante de la guerra y, sobretodo, del machismo en las comunidades afrocolombianas. Siempre diciendo sin decir.

Pero el problema es que a Chocó se le complican las cosas. Tal vez más de lo que debería. Y esa búsqueda de Quijote en miniatura se llena de conflictos que la historia no pedía, de problemas un poco recargados, de enredos innecesarios. Por alguna razón Hendrix pensó que el la historia de una madre que le debe cumplir la promesa de una torta de cumpleaños a su hija no era suficiente, y llenó a su personaje de anhelos apocalípticos, de ganas de acabar todo con un mordisco sangriento y un incendio.

Al final, Chocó es una cinta con muchos más aciertos que errores. Vale la pena verla, y además, gracias a su fotografía bien cuidada, vale la pena verla en una sala y no esperar a que la vendan pirata en su puesto de películas de San Andresito favorito. Chocó es, ante todo, un respiro dentro de la oferta de cine nacional de este país de gente linda, de gente bella. 

 

NOTA: Reseña publicada originalmente en Cerosetenta

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