Nombre: Un método peligroso
Categorías: Drama, Erótico, Romance, Biográfica, Histórica, De época, Basada en una obra de teatro
Director: David Cronenberg
País: Estados Unidos
Año: 2011

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Samuel Castro * *

Un método peligroso (2011)

Lleno de ideas no significa ideal

Parecía ideal. Si había un director que creíamos perfecto para contar la historia del surgimiento del sicoanálisis como disciplina ese era David Cronenberg. Desde sus inicios, la violencia como expresión del carácter de sus personajes y los impulsos sexuales como motivación, han sido elementos fundamentales en su obra, entre la que se destacan títulos como La mosca, Crash y Una historia de violencia. Y si a eso le sumábamos la presencia de tres actores talentosos como Keira Knightley, Viggo Mortensen y el ya omnipresente Michael Fassbender, todo auguraba un resultado óptimo.

Pero ver Un método peligroso no es una experiencia satisfactoria. Para contarnos la historia de la relación profesional y personal entre Carl Jung y Sabina Spielrein, la mujer con la que aplicó con éxito el método en que el paciente debe hablar de sus problemas, buscando en su pasado la causa de los mismos para curarse, Cronenberg utiliza una aproximación académica y lejana, donde se nota demasiado que el guión está basado en una obra de teatro. Prácticamente lo que vemos durante toda la película, es un diálogo largo —muy inteligente y bien escrito, eso sí, donde ninguna palabra está puesta al azar—, en medio de una bellísima puesta en escena, que recrea varias ciudades de Europa a comienzos del siglo XX. Pero la claridad argumental de los parlamentos que pronuncian los personajes, carece de la pasión y la energía necesarias para conseguir emocionar, y en muchos momentos sentimos que estamos viendo un docudrama producido por History Channel con fines educativos.

A partir de los conflictos internos que crea en Jung haberse involucrado sexualmente con su paciente, haciendo peligrar un matrimonio que le da tranquilidad económica, y de su relación, primero de amistad y admiración, y luego de competencia y mutuo desdén con Sigmund Freud (recreado como un hombre calculador y autoritario por Mortensen), la historia se mueve lentamente, pesada y fría como un glaciar, a un ritmo sólo interrumpido por los enardecidos encuentros eróticos entre Jung y Sabina que, por desgracia, lucen fuera de lugar frente al tono general de la cinta.

Conforme pasa la película los espectadores que no tienen una conexión particular con el tema del sicoanálisis van perdiendo interés, a pesar de que el guión va mostrándonos con astucia, en conversaciones que se acumulan hasta estorbar, los detalles que desnudan el interior de sus personajes, como la envidia de Freud por la saludable billetera de Jung. Detalles que funcionarían muy bien para discutir en un cine-foro con estudiantes de sicología, pero que al final se desvanecen en la memoria del público, porque Cronenberg nunca consigue enriquecer el episodio histórico lo suficiente como para que veamos en él algo más que una anécdota de enciclopedia. Al final salimos de la sala con la incomodidad de aquel que en vez de vivir el sueño de otro, que sería el ideal del buen cine, lo escuchó en voz alta.

 

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