Nombre: Blancanieves y el cazador
Categorías: Acción, Aventura, Fantasía, Basada en un cuento
Director: Rupert Sanders
País: Estados Unidos
Año: 2012

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Iván Gallo *

Blancanieves y el cazador (2012)

La tuerca no necesita otra vuelta

La condesa Erzsébet Bathory tenía un particular método para mantener su belleza: metía a sus doncellas en “la capa de la infamia”, un aparato de tortura diseñado para exprimir la sangre de sus víctimas. El líquido vital de las muchachas era vertido en una tina y allí la malvada asesina se bañaba rezándole un par de oraciones al demonio. Según los escasos retratos que le sobreviven, el satánico ritual funcionaba.

Teniendo estos elementos tan atractivos que están en la historia, los guionistas de Blancanieves y el cazador recurren al cliché, a la formula fácil. La bruja, para perpetuar su belleza, agarra a las jóvenes del cuello, abre la boca y les succiona en una bocanada toda su juventud, dejándolas secas y ancianas. Esas son las trampas que implica para una producción tener un presupuesto tan alto. Se desdeña de entrada la inventiva, los dólares limitan la imaginación. Entonces el espejo mágico es un biombo dorado, súper kitch que cuando se invoca se transforma en un hombre encapuchado del color de las hebillas de los traquetos. En los alrededores del castillo se extiende un bosque encantado poblado de criaturas mágicas, de pantanos llenos de aguas movedizas donde los caballos son tragados (si, como el caballo de Atreyu en La historia sin fin) y después aparece un lugar paradisiaco, con hadas, dioses y ciervos aún más cursis que los que se ven en Narnia. No entendemos mucho: el guión es muy enredado, la puesta en escena torpe; por ahí aparece un castillo gigante, pero a diferencia de El señor de los anillos, con quien han tenido el descaro de compararla, el director no sabe o no conoce por dónde se están moviendo sus personajes.

Y desde tu butaca empiezas a sentirte un poco como Alex DeLarge sometido al método Ludovico, te das cuenta que eres un imbécil, sabías que no ibas a tolerar que te contaran esta historia otra vez en menos de dos meses ¿Qué esperabas? ¿Una vuelta de tuerca inteligente? Si quieres que el malestar se vaya  tienes que cerrar los ojos, pensar un poco en lo lindo que es el mundo fuera de esa sala.

Entre todos los desaciertos que tiene esta horrenda película se destaca sin duda el del casting. Hollywood está encaprichado con la sonsa de la Kristen Stewart. Quieren convertirla en una estrella  a pesar de sus orejas grandes, de su cara alargada y sobre todo de su falta de talento. Para ser la pareja de Robert Pattinson (quien ya demostró en Agua para elefantes que puede seguirle los pasos a Leo DiCaprio) no se necesitan grandes atributos. Igual los emos no tienen en cuenta esas cosas, pero si pretende salirse de ese personaje, vemos que su carrera corre el serio peligro de truncarse.

Charlize Theron está ahí con su belleza desbordante, sumida en unos gestos que exageran su actuación y además la limitan. La bruja malvada no tiene un solo momento de humor o de inteligencia, todo en ella es maldad y miradas que indican que es mala, pero de ella no sabemos más. Y el cazador y el príncipe y los enanos tan sólo son algodón, relleno que alimenta este bodrio insoportable, inexpresivo, que hasta el momento está logrando el objetivo por el cual fue creado: recaudar en taquilla millones de dólares.

Además de todo esto Blancanieves y el cazador es tan larga y aburrida como subir con frijoles en las medias y a pie a Monserrate. Puedes dormir todo lo que quieras e igual la película nunca termina. En algún momento sientes que la hermosa bruja te ha hechizado y está jugando con tu tiempo, entonces tienes que concentrarte e implorar a los dioses  del cine que el proyector sufra una avería, que se incendie la sala y al final una señora con pinta de azafata te de un pase de cortesía. Pero a pesar de esta sobresaturación de cuentos de hadas nada extraño sucede, y al final te vas amargado, pensando en que no hay nada peor que un blockbuster, un proyecto que sólo es diseñado para ser consumido en la menor brevedad. Un negocio que tiene que dar dinero a corto plazo, amparado en nuestra inocencia, ignorancia y conformismo.

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