Nombre: Twixt
Categorías: Misterio, Horror
Director: Francis Ford Coppola
País: Estados Unidos
Año: 2012

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Andrés Solórzano * * * ½

Twixt (2012)

De aquí al amanecer suceden muchas cosas

Por allí también pasó Edgar Allan Poe. Hall Baltimore, autor sin prestigio, está perdido en los mismos parajes que alguna vez recorrió el maestro del horror y del misterio. Y esa es la buena noticia. La mala es que no tiene dinero. La segunda buena noticia es que lleva el baúl del carro repleto de botellas de whisky. No hay segunda mala noticia. Por el momento. Aún le resta afrontar a su mujer vía Skype. Que es la tercera y última buena noticia.  

Baltimore se encuentra promocionando su último libro (Cazador de Brujas) en un pueblo donde se cometió un terrible crimen; varios huérfanos fueron asesinados por un fanático religioso que los tenía bajo su custodia. El sheriff, quien también escribe historias de horror, cree que desde entonces el lugar está maldito. Incluso hay una colonia de jóvenes libertinos a orillas del lago. Para convencerlo de que lo que dice es cierto, lo invita a la comisaría en cuya morgue reposa el cadáver de una jovencita con una estaca clavada en el corazón.

La imagen lo perturba. Al igual que las conjeturas del policía. De ahí va a dar a un típico motel norteamericano. En la noche Hall Baltimore sueña que orina contra un muro y desde ahí observa la torre del reloj con sus muchas caras y sus horas inciertas y luego camina por el bosque en compañía de un fantasma de nombre Virginia. A lo lejos se divisa el viejo hotel que albergó a Poe. Pero el hotel no está en ruinas como lo recuerda. 

Al despertar no duda en comunicarse, también vía Skype, con su editor. Dice tener entre manos una buena historia. Una historia de vampiros. Omite que la idea original es del sheriff Bobby LaGrange (Bruce Dern). Falta hallar el tono preciso y un desenlace atroz que haga deslizar el libro de las manos de sus lectores. En su mente todavía resuenan las palabras de su esposa que le ha pedido escribir un último thriller porque necesitan el dinero; luego podrá dedicarse a un proyecto más personal. Ante la negativa de Baltimore opta por chantajearlo. 

Y eso es Twixt. O twixt now and sunrise. «De aquí al amanecer», según la traducción común. 

«Mi viaje, como tú lo llamas, sin falta debe hacerse de ida y vuelta de aquí al amanecer.» Eso le responde a su mujer Goodman Brown en el cuento de Nathaniel Hawthorne que lleva el mismo título. Pero de nada valieron sus suplicas. Ella lo ve partir resignada. Después de pasar una noche espeluznante en el bosque, Goodman Brown no sabe si se ha quedado dormido o todo aquello que creyó ver y oír en el aquelarre de la noche anterior es verdad. De ser cierto las putas y el pastor conformarían un solo y único bando.

Francis Ford Coppola dice que tuvo un sueño con la jovencita del aparato dental (Elle Fanning) y el bosque en sombras y con Edgar Allan Poe (Ben Chaplin) como guía. Es de suponer que acababa de leer a Hawthorne. Entonces surge la fábula del escritor caído en desgracia que busca resarcirse escribiendo su obra maestra. O simplemente volver a sus inicios, recuperar la fuerza creadora. Como suele ocurrir el escritor arrastra una gran pena: su hija adolescente murió en un accidente náutico. Al igual que el hijo de Coppola. Y esto transforma el sentido o agrega uno nuevo a la cinta. En esencia es una confesión con la textura del 3D sobre el duelo y la culpabilidad. Los litros de sangre y efectos especiales baratos son apenas accesorios.

Twixt  es un filme de género de un viejo que alguna vez hizo películas de género cuando era joven (Dementia 13). Pero nadie vuelve a ser el mismo. Lo sabían los griegos. Otro se habría puesto a llorar, a sacar ropa de los armarios y tirarla por la ventana, a mirar un cofrecito con fotos y mechones de pelo. O a replicar la fórmula ganadora. Por ejemplo, Steven Spielberg acaba de estrenar la monumental epopeya de un caballo y la relación fraternal con su amo. Cada nueva producción de Spielberg es más imponente que la anterior. Tan bonito y triste y musical y conmovedor y perfecto no puede ser cierto. 

Pasada cierta edad sobreviene con frecuencia la pregunta del legado post mórtem. Francis Ford Coppola es sinónimo de mafiosos preparando salsa boloñesa y escenas de guerra con trompetas y helicópteros artillados. Y él mismo podría ser su mejor epílogo. Pero este año tampoco marcará su retorno al Olimpo cinematográfico. Del cual, podría decirse, salió por cuenta propia. Para qué y por qué, lo dirá la próxima película ambientaba en los años 30 que desde ya anuncia.

Ya no es el gran director de renombre. Ahora funciona como un autor. Y no voy a decir que «se da el lujo» de hacer lo que quiere porque parece más una necesidad que una elección artística. La prueba es que asocia con total libertad y ligereza momentos y épocas y personajes dispares, imita la tragedia, oculta una parte y miente exponiendo sus sentimientos para enredar el rastro. Las únicas defraudadas serán las admiradoras del obeso Val Kilmer.

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